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7/2/15 - DJ:

La necesidad del periodismo científico

T.E.L: 4 min. 19 seg.

Sobre los conceptos de ecolocación y autocrítica.


En estos días se leen en la prensa artículos como los mostrados en la imagen inicial. Se anuncian "descubrimientos" que no son más que meras correlaciones de variables. Asimismo se escriben artículos sobre fantasmas y zombies budistas. Al mismo tiempo, se denuncian fotos truchas.
Hay que hablar entonces de periodismo científico.

Antes quiero contar una pequeña anécdota introductoria. Hace algunos años hice un curso de periodismo científico online. El profesor nos pidió que redactásemos una carta (a modo de ejercicio) dirigida al director de un diario con el objetivo de convencerlo de editar un suplemento de ciencia.

El enunciado era, por decirlo de algún modo, concreto. Es decir, no nos pedía a cada alumno una "justificación" del periodismo científico, en abstracto, sino un conjunto de argumentos para convencer a quien toma decisiones basadas en ciertos criterios.

Tales criterios los podemos pensar relacionados al beneficio comercial, vinculado al número de lectores interesados, lo llamativo e impactante (espectacularidad) de la noticia o bien a cuestiones de la vida diaria. Quizás por eso los pocos suplementos de ciencia hoy por hoy estén más dedicados a la salud y la tecnología.

Eso implica, entonces, una cantidad de limitaciones realmente existentes, lo que no supone que las cosas deban ser así y no de otro modo. Pero sí es una posición que podemos llamar "realista".

Aquí entonces traigo el concepto de "ecolocación".

ECOLOCACIÓN
Como sabemos algunos animales tienen una suerte de "sonar" interno que les permite saber la posición, forma, tamaño de los objetos que los rodean al enviar una señal de ultrasonido que "rebota" en esos objetos y vuelve al emisor.

Este concepto, en términos comunicacionales, lo podemos tomar del siguiente modo: un emisor se "coloca" (asume una posición) en relación a la posición de los demás discursos preexistentes.

Supone, si se quiere, cierta dependencia de lo demás. Nos guste o no, hay un mundo allí afuera, una cantidad de medios, periodistas, científicos, que hacen cosas sin preguntarnos, no depende de nosotros, al menos no en forma individual.

Por tanto, hacer periodismo como si eso no existiera, sin considerarlo, es hacer periodismo dentro de una burbuja.

PERIODISMO CIENTÍFICO CONCRETO
Sin evadir el concretismo, entiendo los criterios como los mencionados arriba, pero no creo que sean los únicos puntos de vista "potables".

Ciertamente, aunque no nos guste, habrá "estudios científicos" como los aludidos y medios y periodistas que le darán difusión. No creo en medidas coercitivas al respecto. Por ejemplo, no pienso que sea una medida loable el prohibir la astrología, aunque considero que es falsa de punta a punta.
Las leyes no impiden. Prohibir es sólo castigar (y potencialmente).

Por tanto, no tiene sentido prohibir aquello con lo que estamos en desacuerdo. Pero algo debemos hacer: generar contradiscursos.

En este caso sería escribir artículos que explicaran qué "significan" tales estudios de correlación de variables. Qué diferencias hay entre una correlación y una relación causal; qué decir de la cantidad de personas que forman parte de esos estudios; cómo entender las "desviaciones estándar" y otros criterios estadísticos.

Para algunos eso no es periodismo sino educación. Hay una enorme brecha entre los discursos que dan cuenta de la realidad y los que intentan entenderla y explicarla, es decir, la academia.

Lo público, masivo, popular, queda relegado a lo "simplista".

Esto es así por una cantidad de razones. Entre ellas porque quienes escriben tales artículos no tienen elementos que les permitan identificar que eso que narran es incompleto, parcial, y que por contarlo así, genera ideas falsas.

Quienes sí tienen esos elementos, porque tienen una formación específica en comunicación y ciencia, por contrario, consideran que dedicarle espacio a tales temas es una pérdida de tiempo. Como estos especialistas no buscan la espectacularidad, sino algo más "profundo", su discurso va por otro lado. Y al hacerlo desconocen una parte de la realidad que se cuenta de un modo y no de otro. Tal "ignorancia" no es inocua.

¿Por qué los astrónomos en general no publican artículos y libros en contra de la astrología?
¿Por qué los periodistas de ciencia no hacen lo mismo?

Por varias razones seguramente, entre ellas: consideran que esos discursos son inocuos; que sólo son entretenimiento; porque su "deber" es otro.

Es, claramente, una postura anti-ecolocación y, además, ingenua, por decir lo menos.

AUTOCRÍTICA
Por otro lado, ningún discurso que podamos llamar "intelectual" podría dejar de ser crítico y autocrítico. Se supone que el periodismo "debería" tener una mirada crítica de la realidad y en algunos casos así parece. Pero luego, tomado el conjunto, da la sensación contraria.

Al menos en el caso del periodismo científico, es raro encontrar artículos críticos de la ciencia como práctica social.
A veces entra a jugar una suerte de funcionalismo: si critico a los grandes laboratorios se podría pensar que estoy a favor de los manochantas (o viceversa).

Es, si se quiere, una forma de ecolocación, ya que se tiene en cuenta lo demás, pero que tiene por consecuencia la autocensura, el silencio y no el contradiscurso. La consecuencia real y efectiva, concreta, de tal postura es que los discursos dominantes seguirán siéndolo en tanto no habrá contradiscursos.

Por cierto, no se puede ser crítico del periodismo o de la ciencia sin una mirada integral de las prácticas sociales. Y eso exige algo más que aquello que se enseña en "periodismo científico".

Se supone que el pensamiento científico es crítico, que intenta distinguir entre lo aparente y lo real.
Efectivamente un astrónomo sabrá distinguir el brillo aparente del brillo real de una estrella. Pero ¿sabrá ese astrónomo distinguir lo aparente de lo real más allá de lo meramente astronómico?

Lo mismo es válido para el periodista y para el comunicador especializado en ciencias. De hecho, es válido para toda forma de comunicación, para todo discurso social, para toda práctica social.

Finalizo recomendando un artículo de José Natanson publicado el 1/02/2015 en Página/12 titulado "Chocolate laxante". Allí el periodista toma una idea de Slavoj Zizek: identifica como uno de los rasgos más característicos de la posmodernidad la ilusión de que es posible obtener lo que se quiere sin sufrimiento.

Hacer periodismo (de cualquier tipo, y más aún científico) sin una mirada crítica, sin un cuestionar lo dado, sin mover al lector de su zona de confort, es un oxímoron.
El periodismo científico, la divulgación o la popularización de las ciencias (naturales y sociales) no debieran ser meras ventas de chocolates laxantes.


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