Cosmonautas de la autopista, a la manera de los viajeros interplanetarios que observan de lejos el rápido envejecimiento de aquellos que siguen sometidos a las leyes del tiempo terrestre, ¿qué vamos a descubrir al entrar en un ritmo de camellos después de tantos viajes en avión, metro, tren? Julio Cortázar.
Desde Buenos Aires, Argentina

7/7/17 - DJ:

Las estrellas no responden

T.E.L: 7 min.

Una reflexión sobre un artículo de Nora Bär en LN.




Se publica en La Nación de hoy un artículo de Nora Bär titulado "Pregúntales a las estrellas". La periodista que se dedica al periodismo de ciencias se hace eco de la popularidad de la astrología en la actualidad y encuentra que "Tal vez la explicación del éxito de los horóscopos radique en que hay algo tranquilizador en dejar fuera de juego el libre albedrío y depositar en manos de otros (en este caso, de los astros) nuestros logros y fracasos."

Pero para llegar a esa conclusión usa primero algunos datos correctos de forma incorrecta y omite otros que quizás no sepa.

1-La astrología no tiene nada que ver (en ningún sentido) con las estrellas, sino que sólo enuncia sobre planetas del sistema solar, el Sol y la luna. De todos estos objetos sólo el Sol es una estrella, la única que la astrología menciona o tiene en cuenta en su discurso. Por tanto, para la astrología, el resto de las innumerables (pero finitas) estrellas existentes, no tiene ninguna "influencia". Tampoco los asteroides, lunas de los distintos planetas del Sistema solar, exoplanetas y sus lunas, ni ningún otro objeto astronómico conocido.

2-Usa Nora Bär lo que he llamado "El razonamiento de Ofiuco" que consiste en tres argumentos. Lo hace citando al astrónomo profesional argentino Alejandro Gangui.
Pero es un error hacerlo, incluso cuando los argumentos son verdaderos. He escrito al respecto anteriormente en una nota titulada "El problema no es Ofiuco".
Lo explicaré: los tres argumentos incluidos en el razonamiento son:
a-Los signos en astrología están desplazados respecto de las constelaciones.
b-Los signos duran todos lo mismo (un mes), mientras que el paso del Sol por las constelaciones difiere en tiempo.
c-Hay 12 signos zodiacales, pero en realidad son 13 las constelaciones de la eclíptica (el camino aparente del Sol a lo largo del año). El "signo faltante" sería Ofiuco.

Sin embargo, estos tres argumentos (que no dicen nada respecto de si la astrología es cierta o no) son fácilmente refutables: la astrología tiene convenciones diferentes de la astronomía. Para lo único que sirven estos argumentos es para mostrar que astronomía y astrología, aunque hayan sido una misma cosa en la antigüedad, hoy son prácticas diferentes.
Que sean prácticas diferentes no dice nada de lo verdaderamente importante, por lo cual son argumentos débiles. Usar argumentos débiles con el objetivo de refutar una idea es contraproducente.

3-Nora omite tener en cuenta que, si se estudia la historia de la astrología (citaré debajo varios libros al respecto) veremos que es difícil sostener con datos históricos que la astrología haya sido popular o masiva...hasta el siglo XX.
Es difícil encontrar, por no decir casi imposible, que antes del siglo pasado las personas comunes supieran su "signo astrológico" o que tuvieran alguna noción sobre qué significaría ser de Piscis.

Eso empezó a ocurrir cuando los horóscopos se publicaron en los diarios en papel, hecho que se puede rastrear hacia 1930, en Inglaterra. Durante ese siglo apareció también la radio y más tarde la TV e internet.

Hasta entonces, quien quisiera saber qué le deparaba el destino según la astrología no podía leer un libro de Horangel, ni ver por TV a Jimena La Torre, sino que debía acudir personalmente a un astrólogo y pagar. El astrólogo, por otra parte, no explicaba demasiado (como tampoco lo hacen ahora) por qué decía lo que decía. Sólo manifestaba relaciones entre un posible suceso y el tránsito de un planeta por una "Casa" o cosas parecidas.

Por eso, hasta el siglo XX no ocurría lo que hoy sí: que las personas piensen que los de Géminis son de un forma y los de Virgo de otra, distintos a los de Escorpio y los de Aries. Esta noción prejuiciosa, basada en no sólo en el momento de nacimiento, sino en la influencia de planetas, sol y luna, es típica y exclusiva del Siglo XX.

Si entonces la astrología fue siempre una mitología, un prejuicio (opinión fuerte sobre algo que se conoce mal), desde el siglo XX ha sido un prejuicio masivo. Y eso es así por su circulación a través de los medios masivos de comunicación.

Antes, como señalaba Carl Sagan -citado en el artículo de Nora- quienes consultaban a los astrólogos eran Reyes, no vasallos ni siervos de la gleba.

El conocimiento falso llega a nosotros gracias a los medios masivos. Desde entonces el horóscopo se transformó en un género periodístico generalista. La mayoría de los diarios argentinos generalistas (nacionales y del interior) publican el horóscopo. No lo hacen los diarios de contenido sectorial como los diarios económicos o deportivos. Y hay algunas excepciones entre los generalistas.

Página/12 nunca publicó el horóscopo. Tiempo Argentino sí lo publicó mientras fue manejado por empresarios y dejó de hacerlo cuando se transformó en una cooperativa de trabajadores en el momento en que los empresarios se lavaron las manos.

El New York Times no publica el horóscopo, aunque el Washington Post, sí. La idea subyacente en los medios gráficos es que sin horóscopo se vende menos. Idea nunca puesta en duda, pero tampoco corroborada. Sería ideal que alguna vez un diario como Clarín dejara de publicar el horóscopo durante una semana para ver qué reacción hay en el público.

Si el público enardece, entonces habrá que consignar que la gente compra el diario por ese discurso prejuicioso y no por las noticias. Lo que corroboraría la hipótesis y, al mismo tiempo, hablaría muy mal sobre el consumo de los medios.

Pero si no hay una gran reacción, entonces se podría comprobar mi hipótesis: la gente no compra los diarios por el horóscopo, pero los lee porque se publican. No se publican porque ese discurso sea demandado.

Pensemos en un futuro en el que en ningún diario, ninguna revista (como la revista La Nación u Ohlalá) se publique el horóscopo. ¿Cómo sería?
Pues, a largo plazo, las personas ya no pensarían ni hablarían de su pertenencia a tal o cual signo. El concepto se podría mantener a partir de una tradición oral, de boca en boca de padres a hijos, ciertamente. Pero sería una noción muy débil, no sostenida por otros discursos, que poco a poco iría desapareciendo.

Sin embargo los astrólogos necesitan publicidad. A veces los espacios que tienen en los medios serán pagados. Pero en muchos otros casos es diferente: en general las mujeres (ya he marcado un sesgo de género en el horóscopo) que crecieron y aceptaron este discurso que las integra a un grupo de representación (signo) y las distingue del resto, y que tuvieron ese contacto enunciativo a través de los diarios y revistas, luego se hacen periodistas y escriben notas, dándole a este discurso prejuicioso mayor circulación.

Por eso, el único camino en contra de la astrología no es la censura, en tanto imposición, sino el desarrollo de argumentos fuertes que demuestren que la astrología no tiene ninguna validez y que, además, no hace falta.
Sí, tenemos diferentes personalidades y destinos. ¿Podemos saber científicamente por qué? Sí, pero no es tan sencillo como las razones que se han esgrimido en forma vulgar.
Incluso la ciencia ha cometido estragos en este punto. Recuerdo haber estudiado que algunos psicólogos estipulaban que las personas tenemos cierta personalidad "tipo" de acuerdo a nuestra contextura física: los flacos somos racionales, los gordos son bondadosos.

Se ha intentado fundamentar la astrología con apariencia científica a partir de algunos estudios que emparentan personalidad con fecha de nacimiento. Tales estudios son estadísticos. Los estudios estadísticos no explican nada, sólo encuentran correlaciones que no necesariamente son relaciones causales (como se explica en forma sencilla en un artículo reciente de LN, ver abajo).

Pero además, tales estudios son estacionales. La astrología, no. Es decir, esas investigaciones apuntan al momento de nacimiento en tanto condiciones ambientales, que son diferentes en el mismo momento, según el hemisferio. Pero para la astrología, los de Leo son nacidos en agosto, en ambos hemisferios. Por tanto, incluso si esos estudios fueran ciertos, desmienten a la astrología.

La astrología es una creencia ciega, nada más. Tomada en serio, no es otra cosa que un conjunto de prejuicios.

Desde hace un tiempo he notado algo que antes no había percibido. La astrología es defendida por quienes dicen estar en contra del "cientificismo" moderno, pero que también dicen estar en contra del racismo, la xenofobia y el machismo. Esas tres prácticas son prejuiciosas sobre negros, extranjeros y mujeres. Otras lo han sido y lo siguen siendo respecto de judíos, homosexuales y otros colectivos.

Algunos avalan la astrología bajo el supuesto de que es "popular", pero el machismo también lo es, y es falso que la astrología haya sido popular a lo largo de la historia. Si ahora es un discurso masivo es por su circulación en los medios.

Si la conclusión de Nora fuera cierta, habría que plantear que entonces, luego de miles de años de humanidad, no hemos avanzado mucho.
El libre albedrío no existe desde el momento en que no podemos elegir cuándo nacer ni podemos modificar la historia (pasada) ni las Leyes de la naturaleza. No hay libre albedrío cuando algunos nacen en cuna de oro y otros en una barro. No podemos "elegir libremente" nuestro futuro. Somos seres condicionados por la naturaleza y por la sociedad en la que vivimos.

Nos hemos condicionado de forma negativa muchas veces y de forma positiva, otras.
Hace 50 años era "popular" el hábito de fumar. Veíamos películas en la que todo el mundo fumaba hasta en los ascensores, porque así era la realidad.
Hoy está muy mal visto. En el futuro, muy probablemente, la gente ya no fume.
¿Cómo ocurrió esto? Gracias al "cientificismo" y también gracias a que comenzó a circular en los medios un mensaje distinto.

Tenemos que aprender algunas lecciones. Entre ellas, a no justificar lo injustificable y a no usar argumentos débiles. ¿Podremos o soy un iluso?


Fuentes y enlaces relacionados
LN: Pregúntales a las estrellas
http://www.lanacion.com.ar/2040411-preguntales-a-las-estrellas

LN: La "datamanía" encuentra cada tanto hombres embarazados
http://www.lanacion.com.ar/2025594-la-datamania-encuentra-cada-tanto-hombres-embarazados

Libros sobre la historia de la astrología:
A history of horoscopic astrology, James Herschel holden, AFA, 1996.
The fated sky, Benson Bobrick, S&S 2006.
Escrito en el cielo, Benson Bobrick, El Ateneo, 2007. (traducción del anterior)
Astrology and popular religion in the Modern West, Nicholas Campion, Ashgate pub.,2012.

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