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2/6/12 - DJ:

Astronomía, dólares y libertad

T.E.L: 7 min. 49 seg.

Permítame el lector una ligera reflexión sobre temas tan distintos como el de las ciencias básicas, las restricciones cambiarias y la libertad.


Cielo Flecha



Siempre pienso, al leer a otros y al sentarme a escribir, que el relacionar temas diversos es un arma de doble filo, a veces un cul-de-sac, en general, un mejunje.
Pero, al mismo tiempo, despierta neuronas, al menos en el que escribe, incluso si el resultado es una ensalada. Permite, también, dar cierto orden a las ideas. Allí voy.

Desde hace tiempo tengo ganas de abordar una problemática que podría titularse "Justificación de la astronomía". Explico a qué me refiero: el hacer astronomía (me refiero específicamente a la investigación profesional) implica dos cosas, en apariencia, contrapuestas. Por un lado, se trata de saber más sobre tópicos que no generarán (prima facie) ningún beneficio práctico para la sociedad. Y por otro, requieren una erogación económica. ¿Es esto contradictorio? No. Pero sí puede pasar a serlo al considerar que ese dinero sale de las arcas del Estado. Y que, simultáneamente, existen otras muchas necesidades, más básicas o fundamentales, insatisfechas.
¿Cómo justificar, desde el Estado, esa distribución de fondos? ¿Cómo sostener la investigación básica, particularmente en astronomía, considerando que requiere dinero, que bien podría usarse para otros fines, más urgentes, para estudiar enanas marrones o púlsares?

Es todo un tema. Y uno que me agrada. Lamentablemente, al hacer estas preguntas a muchos científicos, las respuestas dadas son débiles. Se señala que sin ciencia no habría progreso. Que los Estados más fecundos son aquellos en los que se hace más investigación. ¿Eso responde la pregunta? Pienso que no. Sí, es posible que eso así sea, no estaría bien desconocer esa realidad, pero ¿cómo explicar que si se invierte en el estudio de cúmulos globulares o glóbulos de Bok, eso vaya a redundar en un beneficio social?

No voy a desarrollar aquí todo un conjunto de ideas que tengo al respecto y que sí responderían a la cuestión. Sépase que estoy preparando un material específico al respecto. Pero al menos es posible empezar a responder la interrogación, si planteamos lo mismo, de otra forma. Y esa otra forma me llevará directamente a conceptos de política y, en definitiva, de libertad, que es a donde quiero llegar.

POLÍTICA CIENTÍFICA
Si, como señalé arriba, la astronomía no genera (en primera instancia) un beneficio para la sociedad, entonces, ¿qué ocurriría si esa actividad de investigación quedara sólo en manos de la actividad privada?
Debe saberse que la astronomía, así como otras ciencias básicas, sí puede producir beneficios "sociales" a través de la educación y la transferencia de conocimiento y tecnología. Esos son subtemas que aquí he tratado en algunas ocasiones y que deberían formar parte de la pregunta, pero no son el núcleo y aquí lo dejaré pasar.
La pregunta que acabo de hacer está vinculada a la actividad privada y su motivación: la utilidad económica. Estudiar agujeros negros o los remanentes de supernova no redunda en beneficios económicos. Si la investigación fuese exclusivamente una actividad privada, entonces, no habría investigación, no habría forma de justificarla porque la actividad privada sólo admite un beneficio tangible y de tipo económico.

Es por eso que es el Estado quien debe realizar esas investigaciones. Pero eso, al mismo tiempo, supone una injerencia del Estado.

Hay quienes abrazan la idea de libertad, considerando que el Estado no debe entrometerse, que debe "dejarnos hacer". Es el "Laissez faire" del libremercado.

Sería fabuloso que tuviéramos enorme libertad para hacer lo que "se nos antoje", me digo a mi mismo, rascándome el bigote. Pero, ocurre, que hablo en la tercera persona del plural: un "nosotros" informe, heterogéneo, contradictorio. No somos todas ovejas blancas en este rebaño. Hay quienes poseen enormes cantidades de tierra, mientras otros no tienen nada.
Fíjese: recientemente escuchaba a un líder agropecuario señalar que él "sólo tiene 50 hectáreas", mientras hay otros, más grandes, que poseen 60/70 mil has. Claro, entre 50 y 70.000 hay una diferencia enorme. Pero yo vivo en un departamento de 30 m2. Una hectárea es un terreno de 100x100, es decir, 10 mil metros cuadrados. Y 50 ha es medio millón de metros cuadrados! Y ese tipo se queja de que "le va mal".

Dejemos que la sociedad se maneje con la mínima intervención estatal y el resultado no será "libertad", porque los que más tienen siempre se impondrán a los de menos recursos. Nos impondrán SUS reglas, esas que sólo los favorecen.

¿Es eso libertad?

Ese tipo de libertad, acabaría con la ciencia tal como la conocemos, que descansa en una motivación del saber, sin considerar beneficios extra, aunque puedan ocurrir.

Por cierto, en este punto, aunque no lo voy a profundizar en esta ocasión, caben señalarse distinciones como las que realizó Varsavsky en referencia a la "ciencia de lujo" versus la necesidad de resolver problemas sociales mediante la ciencia. (1)

Pero lo dicho hasta aquí, con la astronomía como ejemplo, intenta dar cuenta de algo que ya sabemos: no hay libertad sin reglas. Y esas normas no deben ser impuestas por el que más tiene en detrimento del que menos posee, ni toleraremos que sólo se justifiquen nuestras acciones en razón de un beneficio económico exclusivamente. Y es por eso que el Estado debe intervenir y garantizar derechos.

LA LIBERTAD DE AYER, LA DE HOY, LA DE MAÑANA
Dicen que cuando una idea se repite mucho, incluso las más geniales, dejan de serlo. Pero el discurso de Benjamin Constant, de 1819, sigue siendo un clásico.
Los pueblos antiguos eran más chicos, más susceptibles a la fricción de la guerra, a la vez que sus ciudadanos tenían mayor intervención en los asuntos públicos, de manera directa. Luego, el comercio reemplazó a los conflictos bélicos y los ciudadanos tuvieron, tenemos, una menor participación en los asuntos del Estado, a través de democracias representativas. Cito a Constant:

Nos dirán: "¿Cuál es en el fondo la finalidad de vuestros esfuerzos, el motivo de vuestros trabajos, el objeto de vuestras esperanzas? ¿No es la felicidad? Y bien, esa dicha, dejadnos actuar y os la daremos.” No, señores, no dejemos que actúen. Por muy conmovedor que sea ese interés tan tierno, rogamos a la autoridad que permanezca en sus límites. Que se limite a ser justa, nosotros nos encargaremos de ser felices. (2)

Y es que, al mismo tiempo que reconocemos la participación del Estado en nuestras vidas, a través de nuestros representantes -por considerar que es ésa la mejor manera de administrar la cosa pública- es posible que nos dejemos estar, y nos pasen por arriba.

LIBERTAD Y DÓLAR
Actualmente, en Argentina, da la sensación que la libertad está en juego porque a una minoría se le restringe la posibilidad de comprar dólares. Las restricciones, a decir verdad, se aplican a una mayoría, pero es una pequeña fracción de la sociedad la que "necesita" hacerse de esa moneda extranjera.
Los que declaman una falta de libertad no son otros que los que se proponen como Libertarios. Esa libertad que proclaman es profundamente engañosa. Suenan lindos sus enunciados, pero alcanza con un pequeño análisis de las consecuencias para darse cuenta lo que implican. Proponen, entonces, que el Estado deje de ser asistencialista, para que esa tarea quede en manos privadas. Es el cuento de la Responsabilidad Social Empresaria, tras el cual no hay otra cosa que marketing barato cuya única preocupación es la de vender más para aumentar la recaudación y las utilidades (sí, hay excepciones, que son eso).
Quienes impulsan este sistema "libertario" es a quienes más le conviene. Es a los que más tienen a los que les importa que el Estado no regule, así, serán ellos los que se impongan porque son los que cuentan con mayores recursos.

Pero, como señalé arriba, a través de la cita de Constant, estar en contra de estas ideas, así expresadas, no implica que dejemos descansar nuestras libertades en la respresentación política, sin más. Allí debemos exigir rendiciones de cuenta.

No debería tolerarse que esa injerencia sea en beneficio de los amigos del poder. Así, mientras es posible entender la intervención Estatal en el mercado monetario, esto no es óbice para exigir equilibrio y justicia de las acciones Estatales. Y no deberíamos tolerar el doble discurso. ¿Dónde ha quedado el principio de reciprocidad?

CINISMO ANTIGUO Y MODERNO
Vivimos hoy en un mundo provocador (Véase RAE: Provocar). Da la sensación que, en los medios más masivos y populares, no hay comunicación que valga si no se apela al impacto, a la provocación.
De la misma manera, muchos de los enunciados políticos son provocadores. Apelan a las emociones, a los sentimientos patrióticos, grandes enunciados que no ocultan sino acciones contrarias por parte de sus enunciadores.
No es ya el cinismo de Diógenes de Sínope, que por otro lado era una actitud despojada, desapegada de lo material. Es el cinismo actual: "puede sintetizarse, acaso, en defender con descaro aquello que moral y socialmente se considera inconveniente o indefendible, e incluso en manifestar, sin el menor rubor, una desvergonzada contradicción entre lo que se dice y lo que se hace, tiene su origen, seguramente, en el modo en que los propios cínicos eran vistos (se puede discutir si con acierto o no) por sus conciudadanos", según indica Alfonso Fernández Tresguerres. (3)

CREER Y PENSAR
Hace poco escribí aquí acerca de la Expectativa y la Realidad. Este discurso va en el mismo sentido. No dejarnos arrastrar por los enunciados. Exigir razones, pensar, antes que creer. De lo contrario seríamos fácilmente manipulados tanto para sostener que el Estado debe intervenir en nuestras vidas, como para argumentar en contrario. Y si bien me autocalifico como relativista, porque las ideas tienen diferentes valores de acuerdo al marco de referencia con que se las compare, eso no significa que todo vale lo mismo o que nada vale. Yo no suelo pensar en términos absolutos (esto, vale decir, trae aparejadas ciertas contradicciones, particularmente en el terreno ético), pero eso no debe llevarnos a pensar que entonces todo tiene el mismo valor. Uno más uno es dos. En otras partes del Multiverso (si es que existe tal marco de referencia) podrían existir leyes físicas distintas, otras dimensiones que puedan llevarnos a pensar que allí uno más uno es distinto de dos. Ergo, tal enunciado no podríamos considerarlo como absolutamente verdadero. Pero no confundamos realidad y posibilidad. Hoy, aquí y ahora, una manzana más otra, son dos manzanas. Y quien diga lo contrario deberá probarlo. Importa poco si las manzanas me emocionan, si son de un huerto propio y no de uno ajeno, lo que importa es la justificación.

Retomo el discurso de Constant: "Por lo demás, señores, ¿tan cierto es que la felicidad, cualquiera ella sea, es la única finalidad de la especie humana? En ese caso, nuestra carrera sería muy estrecha, y nuestro destino muy poco señalado, no hay ninguno de nosotros que si quisiera descender, restringir sus facultades morales, reducir sus deseos, abjurar a la actividad, la gloria, las emociones generosas y profundas, pudiera embrutecerse y ser feliz. No, señores, yo atestiguo sobre esta excelente parte de nuestra naturaleza, esta noble inquietud que nos persigue y que nos atormenta, este ardor de extender nuestras luces y desarrollar nuestras facultades: no es sólo la felicidad, es al perfeccionamiento que nuestro destino nos llama; y la libertad es la más poderosa, el más enérgico medio de perfeccionamiento que el cielo nos haya dado." (4)

Todos queremos ser felices. La ignorancia asegura felicidad a quien tiene miras estrechas. A los demás, nos costará alcanzarla. Dudaremos por que el mundo, la realidad es engañosa y nuestras ideas, subjetivas. Pero es ahí cuando ponemos de manifiesto nuestras capacidades humanas. Esas que nos permiten distinguir cuando se nos presenta un pedazo de carne para hacernos salivar.

Fuentes y links relacionados


  • (1): Ciencia, política y cientificismo y otros textos. Oscar Varsavsky, con estudio preliminar de Pablo Kreimer. Capital Intelectual, Buenos Aires, 2010.
  • (2): Discurso sobre la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos, Benjamin Constant. De Revista de Estudios Públicos N° 59, invierno de 1995, Oscar Godoy (recopilador), Pontificia Universidad Católica de Chile.
    http://www7.uc.cl/historia/vinculos/2006/vatter_revoluciones.pdf
  • (3): Sobre el cinismo antiguo y el moderno, de Alfonso Fernández Tresguerres. http://www.worcel.com/archivos/6/cinicos.html (02-06-2012)
  • (4): Constant, op cit.
Sobre las imágenes

  • La imagen inicial, que parece una foto antigua, fue obtenida por mi en los bosques de Palermo el 20 de noviembre de 2010. La foto registra árboles, lindantes al Planetario de la Ciudad, cuyas copas me parecieron formar una forma de Flecha hacia arriba.
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