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15/8/06 - DJ:

Cuando la Argentina quiso mirar las estrellas

De:Héctor Calvito de las Bárcenas
Nota de la revista Todo es Historia Nro. 326 de Septiembre de 1994
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¿Puede un país joven, de flacos recursos y con problemas terrenales, darse el lujo de destinar tiempo y dinero en mirar las estrellas? Según la opinión de los inmovilistas, tal pretensión era prematura y superflua. Los ilustrados reformistas sostenían que el progreso requería incorporar al país al movimiento de las ciencias naturales. La astronomía y la meteorología debían tener carta de ciudadanía argentina. Después de todo, mirando el cielo se podía pensar en mejorar el aprovechamiento de la tierra.


EI próximo 24 de octubre se cumplen 123 años de la fundación del Observatorio Astronómico de Córdoba por el entonces presidente de la Nación Argentina, don Domingo Faustino Sarmiento.

»Hay, sin embargo, un cargo al que debo responder, y que apenas satisfecho por una parte, reaparece por otra parte bajo nueva forma.

«Es anticipado o superfluo, se dice, un observatorio en pueblos nacientes y con erario exhausto o recargado. Y bien, yo digo que debemos renunciar al rango de Nación, o al título de pueblo civilizado, si no tomamos nuestra parte en el progreso y en el movimiento de las ciencias naturales.»

Estas palabras, sin duda proféticas, las pronunció Sarmiento en oportunidad de la ceremonia efectuada ese día de 1871.

Las primeras comprobaciones

Dentro de las tierras que luego comprendieron el antiguo territorio del Virreinato del Río de la Plata, en épocas prehistóricas, existieron observatorios, los Inti-huatana, en los cuales, con el empleo del gnomón en las observaciones solares y las lecturas de sus sombras, que variaban en las estaciones del año y realizaban en plataformas circulares apropiadas, los indígenas cumplían tareas de observación astronómica.

Si las hipótesis de Posnansky sobre las ruinas de Kalassoya, en Mahuanaco, tuvieran su confirmación, el edificio así llamado habría sido otro observatorio, por cierto de muchísima precisión en ciertas características.

La primera observación de carácter astronómico realizada en el Río de la Plata debe ser, probablemente, la que anotó el autor del diario de navegación del buque holandés Silveren Werelt el 6 de agosto de 1599, estando fondeado su buque cerca de Buenos Aires, aguas afuera, aproximadamente a la altura de la ciudad de Quilmes. El diario indica que «el 6 de agosto hubo un eclipse total de Luna. Sobre la exactitud de la información existen hoy las suficientes certezas.

Las primeras observaciones con carácter científico determinado fueron las que llevaron a cabo los miembros de las comisiones demarcadoras de límites con el Brasil, a fines del siglo XVIII, ya fuesen en las zonas de litigio o en Buenos Aires, »en los balcones de la casa solariega de don Agustín C. Aguirre, situada por la esquina suroeste de la Plaza Mayor, por la calle que daba frente a la Catedral», dice Ratto. Previamente, en 1745, el padre José Quiroga, jefe de una expedición científica a las costas patagónicas, realizó estudios astronómicos con anteojos que había traído especialmente de España. En 1783, Azara, integrante de una de las comisiones demarcadoras de límites, instaló un observatorio en Buenos Aires, para comprobación de instrumentos, desde el cual se efectuaron algunas observaciones. En el noreste argentino, en la Reducción de San Cosme, funcionó un verdadero observatorio astronómico, a cargo del padre Buenaventura Suárez. lnició sus tareas en 1706, con aparatos construidos en el lugar, entre ellos, anteojos astronómicos »con vidrios convexos de varias graduaciones, de ocho y diez pies que usé en las observaciones de los eclipses de sol y luna, y de los mayores trece, catorce, dieciséis, dieciocho, veinte y veintitrés pies en las inmersiones (eclipses) de los cuatro satélites de Júpiter, que observé por espacio de trece años en el pueblo de San Cosme y llegaron a ciento cuarenta y siete las más exactas».




Las observaciones acerca de los satélites de Júpiter fueron remitidas a Europa, y utilizadas, entre muchas otras, para propósitos científicos. Con los demás datos obtenidos, calculó un lunario con valores astronómicos desde 1740 hasta diciembre de 1841, con los complementos necesarios para calcular valores hasta el 1 de diciembre de 1903.

Dichos valores, referidos al meridiano local de San Cosme, podían transferirse a otras zonas o lugares, mediante tablas calculadas por el sacerdote. Como puede verse, una verdadera obra astronómica. Hasta 1750, el padre Suárez continuó sus trabajos con aparatos que le fueron enviados desde Europa. Hasta entonces, las observaciones de tipo astronómico habían sido llevadas a cabo en forma ocasional, debido a circunstancias especiales, o bien por la actuación de un hombre, como en el caso del padre Suárez.

A partir de 1821, cuando siendo ministro Bernardino Rivadavia se organiza la Universidad, se da comienzo a la instalación de un observatorio con los instrumentos que las mayores autoridades en astronomía de la época aconsejaban emplear. -Con los estudios superiores, Buenos Aires encendió luminarias a la ilustración y dejó de ser sólo un puerto de comercio pingúe, para convertirse en centro de atracción científica; sus profesores hicieron fijar la atención en Humboldt, Arago y la Sociedad Astronómica de Londres.»

En mayo de 1822, Rivadavia mandó instrucciones a París a fin de que la firma Lauffet y Baillot se pusiera en contacto con los directores del Observatorio Astronómico de aquella capital, profesores Arago y Biot, para la compra de aparatos a emplearse en física y química experimental. Estando en Europa, en 1824, se vinculó con Pedro Carta Molino, quien le escribe; »Soy enemigo encarnizado de las especulaciones que no consisten más que en palabras, que constituyen todavía gran parte de las ciencias que se enseñan en Europa».

Rivadavia, que en su biblioteca particular tenía doce volúmenes sobre astronomía y temas vinculados a la misma, entre ellos obras de Laplace, de Biot y de Jean B. Delambre, aconsejó favorablemente cuando, en abril de 1825, Carta Molino le escribe; Sería también indispensable comprar algunos instrumentos de astronomía, sea para hacer observaciones astronómicas, sea porque no habiendo un curso particular de esa ciencia, yo creo hacer un gran servicio en todo presentando una idea de ella en mi curso de Física», y agregaba, señalando sus utilidades prácticas; »es útil, además, porque da una idea justa del sistema del mundo; es el medio más eficaz para destruir cualquier especie de superstición».

El 5 de junio del mismo año, Carta Molino consultó a -según sus palabras -- »uno de los mejores físicos y astrónomos de Europa», el ya mencionado Domingo F. Arago, acerca de la adquisición de un teodolito, compra que autorizó Rivadavia el 2 dejulio, así como después, en respuesta a un acta del 14 de julio, autorizó la de otros aparatos necesarios. Al inaugurar Carta Molino su cátedra, decía; »es menester primeramente examinar los fenómenos como se presentan; alguna vez interrogar a la naturaleza por medio de experimentos; no apresurarse a establecer principios generales; esperar para esto, que se tenga un número suficiente de hechos». Y, desde entonces, la República Argentina ---con el reducido instrumental de las antiguas comisiones de límites, que el profesor Octavio Fabricio Mossotti hizo componer, y con los que había adquirido Carta Molino--- comenzó, desde el pequeño observatorio instalado en las celdas altas del Convento de Santo Domingo, a hacer notar su existencia real ante los sabios de Europa. Fueron determinadas varias coordenadas geográficas necesarias y, además de los resultados de seis años de observaciones meteorológicas que utilizó Humboldt y posteriormente Arago, fueron presentadas al Instituto de Francia como contribución de la ciencia argentina.

Se publicó un calendario astronómico para el año 1832, obra también de Mossotti. En las memorias de la Real Sociedad Astronómica de Londres se publicaron dos colaboraciones del mismo, relativas a las observaciones sobre un eclipse de sol y del cometa Enke, realizadas desde las celdas del Convento de Santo Domingo.

Mossotti regresó a su país natal en 1834. Quedaron abandonadas esas tareas y, en la parte que correspondía, apagadas »las luminarias de la ilustración». Poco después, se hace cargo del gobierno Juan Manuel de Rosas, en su segunda etapa, habiéndose alejado de la primera por la derrota que le habían infligido los federales de categoría», los «botarates de las luces y de los principios», como diría lbarguren. Alejados Carta Molino y Mossotti, catedrático de física y director del pequeño observatorio, respectivamente, los instrumentos de precisión, de medidas y de observaciones quedaron abandonados. En 1852, luego de Caseros, fueron hallados casi destruidos.

Observaciones astronómicas

Pero los estudios astronómicos, encarados científicamente, se iniciaron en nuestro país recién durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, y específicamente, gracias a sus esfuerzos.

En junio de 1866, Sarmiento escribía: »Rivadavia, mi predecesor en trabajos por organizar el país, volvió a Inglaterra e importó con él los elementos ingleses: crédito, bancos, emigración, gobierno responsable. Yo podría presentarme llevando el genio norteamericano, el espíritu del go ahead que todos me reconocen». Y fue precisamente en los Estados Unidos donde concretó su idea del observatorio astronómico de Córdoba que es hoy un centro científico y de gran importancia entre sus pares del mundo.

Sus vinculaciones con las ciencias astronómicas las.había tenido originariamente con un teniente de marina norteamericano, de nombre Gillies, en la ciudad de Santiago de Chile, poco antes de embarcarse para Buenos Aires, en víspera de la batalla de Caseros.

Más tarde, en 1865, enviado por el gobierno nacional como ministro plenipotenciario de la República Argentina en Washington, llegó a Nueva York el 15 de mayo de ese año, y por haberse producido el extravío de sus credenciales, debió aguardar otras nuevas. No perdió el tiempo, sin embargo, y en ese período, libre de su condición de diplomático, inició distintos tipo de investigaciones, y dio comienzo a vinculaciones que iban a prolongarse por el resto de su vida. Con

fecha 14 de julio, envió un ejemplar de Civilización y barbarie a James C. Watson, científico del Observatorio de la Universidad de Michigan.

En setiembre tuvo oportunidad de hospedarse en casa del doctor Benjamín Apthorp Gould, un distinguido astrónomo norteamericano, con quien logró iniciar una estrecha amistad.

En octubre, Gould, que había sido discípulo de célebres astrónomos europeos, como Bessel, Argelander, Krüger y Schönfeld, y que era en ese momento uno de los más activos propulsores de la naciente astronomía norteamericana, se dirigió a Sarmiento pidiendo permiso y protección para dirigir una expedición astronómica a Córdoba, en la República Argentina, que debía ser costeada por los amigos de la ciencia de la ciudad norteamericana, de Boston.

Gould explicaba en su pedido que deseaba realizar un estudio astronómico de tres años, en el cielo austral, en la ciudad de Córdoba, »por su posición geográfica, la pureza de su atmósfera, la excelencia y salubridad de su clima y el conveniente acceso para los materiales requeridos para un observatorio».

Todo el material solicitado serviría de base para el observatorio nacional, una vez terminada la tarea mencionada. Gould invocaba, al hacer el pedido, »cuán profundo es el interés de V.E. (Sarmiento) en todo lo que concierne al progreso intelectual del mundo, como de su propia Nación».

La contestación de Sarmiento fue un ofrecimiento amplísimo, y tanto, que preveía la sucesión en el cargo de director del observatorio, toda vez que Gould se alejase.

»Su contestación --como diría el propio Gould más tarde- fue la más cordial, correspondiendo favorablemente a todas mis aspiraciones y prometiendo aún más de lo que yo había atrevido a pedir, a su debido tiempo fue recibida una confirmación completa del Gobierno Argentino y el Doctor Costa, Ministro de Instrucción Pública en una nota fechada en enero de 1866, expresó sentimiento porque los onerosos sacrificios que estaba haciendo la nación en su lucha con el tirano López del Paraguay, le impedían poder ofrecer un apoyo más eficaz a la empresa. Mi plan falló entonces a causa de no haber podido conseguir los necesarios auxilios pecuniarios; sin embargo, el interés del señor Sarmiento nunca desmayó, ni cuando diez y ocho meses después fue elegido presidente olvidó el proyecto astronómico entre sus preocupaciones oficiales, trabajos parola educación y asuntos políticos. Uno de sus primeros actos, después de asumir la presidencia en 1868, fue recomendar la creación de un Observatorio Nacional. Este fue votado por el Congreso Argentinoen su primera sesión subsiguiente y en la segunda mitad de 1869 recibí del Doctor Avellaneda, entonces Ministro de Instrucción Pública, una invitación para organizar el Observatorio Nacional permanente y provisto de los edificios e instrumentos necesarios; fue abierto un crédito suficiente para realizar el pensamiento en una forma adecuada aunque modesta.,

De la nota que antecede se infiere que, a recomendación de Sarmiento, el observatorio hubiera sido fundadobajo el gobierno de Bartolomé Mitre, a no mediar la Guerra del Paraguay.

Pocos meses antes de que Gould dirigiera su solicitud a Sarmiento, el 21 de febrero de 1866 se había empleado, por primera vez en astronomía, la lente inventada por Rutherford en 1865, para tomar impresiones de un grupo de estrellas.

Entre los días 15 y 16 de octubre, Sarmiento escribió a Aurelia Vélez Sársfield: dígale a tatita que ponga en movimiento a los cordobeses para tener un observatorio astronómico. La propuesta es real aunque yo no ponga de mi parte el calor necesario para incubarla». Seguía una narración de las observaciones nocturnas que había efectuado con Gould, durante el período que duró su estadía en la residencia del astrónomo.

Al doctor Dalmacio Vélez Sársfield le escribió para que diese »los pasos necesarios, por lo que a Córdoba respecta, a fin de obtener seguridades de que será recibida con el debido interés la idea y la realización de un observatorio astronómico» en esa provincia.

«No sólo por ser cordobés me dirijo a Ud. --continuaba- sino porque sé cuánto placer encontrará en que la astronomía sea al fin cultivada en nuestro país.»

Le pedía además a Vélez Sársfield informes acerca de lugares adecuados sobre las barrancas cordobesas para la instalación del observatorio, así como para residencia de una familia.

Gould había elegido este lugar, debido a que su posición geográfica y sus condiciones meteorológicas le parecían las más indicadas en el continente sudamericano. Sarmiento comprendió las poderosas razones de índole científica que habían llevado a Gould a comunicarse con él,y previendo el enorme beneficio cultural que tal empresa podría tener para el país, le prometió más de lo pedido. (Lamentablemente, la expedición tuvo que postergarse debido a que ni los amigos de Boston, ni el gobierno argentino, empeñado en la guerra con el Paraguay, pudieron proporcionarle a Gould los medios necesarios.) Por aquella época, los astrónomos del hemisferio boreal habían completado la exploración del cielo visible en sus latitudes. El cielo austral, en cambio, con su rica población de estrellas, se encontraba prácticamente sin explorar. Algunas observaciones hechas en el Cabo de Buena Esperanza, en Santiago de Chile y en Australia habían dado como fruto pequeños catálogos y listas de estrellas. Pero lo que el mundo astronómico ansiaba tener era un registro completo de la posición y magnitud de las estrellas australes al alcance de los instrumentos de la época.

Esta gigantesca exploración quedaba aún por iniciarse, y Benjamín Gould, entonces en la plenitud de su vida, había decidido llevarla a cabo. Sarmiento había quedado tan impresionado por su proyecto que decidió hacer de él una obra nacional.

Llevar el proyecto a la práctica de inmediato no fue posible, debió postergarse hasta después de la asunción de Sarmiento a la presdencia de la Nación, el 12 de octubre de 1868.

De todas maneras, Sarmiento mantuvo en ese período un estrecho contacto con el astrónomo y su familia. Lo vinculó a familias argentinas descendientes de familias norteamericanas, y le remitió diarios bonaerenses en donde sus contrarios políticos le negaban atribuciones para recomendar la instalación de observatorios, por carecer de títulos universitarios.

En el ínterin, Gould viajó a Europa. Sarmiento continuó manteniendo contacto epistolar con él durante ese año y el siguiente, y hasta le remitió un periódico en donde se denuncia la colaboración que varios técnicos ingleses prestaban al ejército paraguayo, en ese momento enfrentado con el nuestro en la Guerra de la Triple Alianza.

Como ya habíamos señalado, en 1866, Rutherford habría empleado su lente especial en la toma de fotografías de las estrellas. Gould, convencido de su utilidad para las observaciones de gran exactitud, logró obtener la lente original para sus tareas en Córdoba.

El 22 de junio de 1868, Sarmiento emprendió viaje a Buenos Aires. »Hemos detener observatorio nacional, dirigido por Mr. Gould», expresa. «Yo arreglaré allá a mi llegada todo lo necesario». Lo reitera en el mes de setiembre. El 21 de noviembre, al mes de ser presidente de la República, lo repite una vez más, junto con la noticia de haber decretado doce escuelas para la Roja. En diciembre dice a su vez; »recuerdos a Mr. Gould, a quien le llegará su momento». Previamente ha averiguado costos y dado cuenta al astrónomo que el Congreso ha interrumpido sus sesiones hasta mayo del año siguiente, no habiendo sido posible tratar la instalación del observatorio,

En marzo de 1869 recibió presupuestos y detalles, que presentó en mayo, al abrirse las sesiones. En junio comunicó que el observatorio estaba incluido en el presupuesto. En setiembre había sido aprobado en Diputados, y en octubre pudo comunicar
a Gould que «se fuese preparando. El presupuesto era de veinticinco mil pesos oro, e incluía edificios, instrumentos y salarios. Se encargaba al astrónomo Gould la dirección, la compra de anteojos y demás aparatos, y la contratación-del personal.

Gould llegó a la ciudad de Córdoba en setiembre de 1870, «con el fin de establecer las observaciones necesarias para formar un extenso catálogo de las principales estrellas fijas del hemisferio austral». Excepto el material de albañilería, todo lo demás fue construido en Estados Unidos, bajo planos del director. Inmediatamente de su llegada, se dio comienzo a la tarea. Con él llegaron los técnicos Miles Rock, Juan M. Thome, Guillermo Davis y Clarence Hathaway.

Como el delicado material a instalarse requería protección contra las implacables ', tormentas de tierra, comenzó por transformaren parque las cinco hectáreas de monte que la provincia había cedido en los alrededores de Córdoba para erigir el observatorio.

Mientras se instalaban y regulaban los aparatos, se determinaron cuidadosamente las magnitudes relativas de las estrellas meridionales, con el fin de formar una uranometría austral, similar a la ya existente para el hemisferio norte. La guerra francoprusiana y sus consecuencias dificultaron la llegada de algunos materiales y libros. Y como si esto no fuese suficiente, el barco que traía el círculo meridiano fue puesto en cuarentena en Rosario a causa de la epidemia de fiebre amarilla. Estas circunstancias obligaron a Gould a postergar la ejecución de los programas proyectados, pero llegó, sin embargo, a dar origen a una de las obras astronómicas más notables del siglo pasado, la Uranometría argentina, análoga a la Uranometría nova que Argenlander había confeccionado para el hemisferio norte.



Así, el 24 de octubre de 1871, día en que el presidente Sarmiento inauguró oficialmente elObservatorioNacionalArgentino, Gould pudo decir con satisfacción que ya tenían observadas 7.200 estrellas, comenzando de esta manera la ininterrumpida colaboración de nuestro país a la ciencia astronómica internacional.

Como ya lo señalamos en el prólogo, en el vigoroso y profético discurso inaugural, Sarmiento se defendió brillantemente de las críticas que la fundación del observatorio había provocado. Dijo, entre otras cosas: «Hay, sin embargo, un cargo al que debo responder, y que apenas satisfecho por una parle, reaparece por otra bajo nueva forma. Es anticipado o superfluo, se dice, un observatorio en pueblos nacientes y con un erario o exhausto o recargado. Y bien, yo digo que debemos renunciar al rango de Nación, o al titulo de pueblo civilizado, si no tomamos nuestra parte en el progreso y en el movimiento de las ciencias naturales». A lo cual agrega luego cuando los observatorios del mundo reciban las comunicaciones que les enviaréis y vuestros trabajos pertenezcan al catálogo de las conquistas científicas, vuestro país y el nuestro han de sentirse enorgullecidos y recompensados de la cooperación que se prestan recíprocamente, para dominar las grandes e inconmensurables extensiones, que es vuestra misión explorar y revelar.

La tarea de investigación que llevaría ocho años después, a la aparición de la Uranometría argentina, había comenzado inmediatamente de la llegada de Gould. Con los astros visibles a simple vista, por lo que pudo éste, al contestar el discurso del Presidente Sarmiento, decirle: »Cuando levantéis esta noche los ojos, después de ponerse la luna, hacia el cielo estrellado, y esforzando vuestra atención se os presenten las más pequeñas estrellas, una en pos de otra, no hallaréis ni una sola cuya posición y magnitud no esté ya registrada por alguno, si no por más de uno, de los astrónomos de vuestro observatorio».

Una publicación londinense decía del observatorio que se hallaba »on the heights overlooking the park, where the exhibition was held» (»en las alturas que dominan el parque, donde se desarrolla la exhibición»). Los instrumentos principales que formaban el primer equipo del observatorio fueron un círculo meridiano Repsold y un refractor de 285 mm de abertura,

En el hemisferio austral, el Observatorio de Córdoba resultó el más importante de aquellos años. Dijo el astrónomo Mullre: »De pronto, con los trabajos de Gould, el conocimiento del cielo austral, que hasta entonces había sido deficiente, fue extendido y completado de una manera inesperada. La Uranometría argentina y los catálogos de estrellas del sur son los frutos más preciosos la vida laboriosa de Gould, que inmortaliz rán su nombre y le aseguran el agradecimie to de los astrónomos de todos los tiempos y todos los países». Al poco tiempo de su ina guración, quedó instalado el Círculo Meridi no, empezando las observaciones poco de pués. Gould había traído la lente original Rutherford, que se quebró en el viaje. Sa miento escribió al respecto: Estamos en pensamiento de reparar la pérdida, compra do otra». Dice además: »De todos los paso dados por mi administración para mejorar I educación o avanzar la civilización del país, Observatorio Astronómico es el que más éxito promete, gracias a la contracción, talento instrucción del profesor Gould, nuestro amigo».. De momento, la lente averiada fue mor tada en todas sus partes por los ayudantes el señor Perrin, un hábil relojero de Córdoba dice Gould. Con ella se obtuvieron, en 187 un gran número de fotografías estelares. El tema de los fotógrafos preocupaba a Gould John A. Heard y Edwin C. Thompson, habilísimos fotógrafos, que por sufrir de pulmonía habían sido forzados a buscar un clima seco y cálido y aceptaron gustosos la oportunidad que yo estaba en condiciones de ofrecerles, dice Gould. Trabajaron varios años, y en 1885 se habían obtenido mil doscientas placas fotográficas que contenían once mil estrellas diferentes. Había además trescientas quince placas con fotografías de estrellas dobles. En la Exposición Universal de Filadelfia, en 1876, el Observatorio de Córdoba obtuvo premios por la belleza de las fotografías expuestas, entre las de otros observatorios.

Unanometría Argentina

(Urano: cielo; metría: medida). Esta obra es un catálogo de todas las estrellas australes y aun las boreales hasta los 10 grados de declinación norte, perceptibles a simple vista --hasta la séptima magnitud aproximadamente-- que fueron observadas sin instrumento alguno o con un anteojo de mano, las más débiles.



El objeto primordial de esta obra fue la determinación de las magnitudes, lográndose éstas con una exactitud que causó la admiración de los astrónomos contemporáneos. Las posiciones se registraron tal como fueron vistas en el cielo, en mapas en blanco preparados para este propósito. El catálogo, que forman el volumen i de los Resultados del Observatorio Nacional Argentino, fue publicado en 1879, acompañado de un atlas que había sido impreso dos años antes.

Casi dos años después de su llegada, Gould pudo, por fin, dar comienzo ala exploración del cielo austral por zonas, objetivo principal de la fundación del observatorio, En tres años se obtuvo el número de 105.240 observaciones, cuya revisión y reducción fue completada en 1882, dando lugar en 1884 a la publicación del Catálogo de zonas estelares (Resultados, volúmenes w y VIII).

Simultáneamente con este trabajo, y al comienzo sólo en sus ratos libres, Gould empezó a determinar las posiciones exactas de la mayoría de las estrellas australes hasta la magnitud 8 1/2. Finalizadas las observaciones de zonas, dedicó cada vez más tiempo a esta tarea, concluyendo las observaciones en el año 1880. El fruto de este trabajo es el Catálogo General Argentino (Resultados, volumen XIV), publicado en 1886, comparable en importancia con el de las zonas, pero cuyas posiciones fueron determinadas con mucho mayor precisión. A los programas ya descriptos se agregaron, a partir de 1872, observaciones fotográficas de diversos objetos celestes, en primer lugar de cúmulos estelares. Este trabajo era continuación de la investigación emprendida en el norte por Rutherford, quien para tal fin había ideado su objetivo especial. Como ya lo mencionamos, éste fue traído por Gould a Córdoba para continuar el estudio de los cúmulos del hemisferio sur. Las dificultades que tuvo que vencer fueron enormes. Conviene tener presente que en aquella época la fotografía usaba placas húmedas, y el aire particularmente seco de Córdoba malograba muchas de las exposiciones, necesariamente prolongadas. Además, una de las lentes del objetivo se quebró en el transporte, y pasaron algunos años antes de poder reponerla. Como si todo eso fuese poco, el fotógrafo contratado en los Estados Unidos «resultó ser indigno y poco cuidadoso" con el trabajo. Finalmente, obtenidos los servicios de un fotógrafo experto, los resultados mejoraron en tal forma que, en el año 1876, fue premiada una serie de fotografías lunares y estelares enviadas por el observatorio a la Exposición Centenaria de Filadelfia.

Con intervalos, las observaciones fotográficas prosiguieron hasta 1885, año de la renuncia del doctor Gould a su cargo de director. Al regresar a su país, Gould llevóse consigo las 1350 placas obtenidas, a cuya medición y reducción dedicó gran parte de los diez años de vida que le quedaban. A su muerte, el trabajo estaba casi terminado, y en 1897 fue publicado en el volumen XIX de los Resultados. Así, en forma póstuma, Gould --uno de los iniciadores de la astrometría fotográfica-ofreció una prueba concluyente de la bondad del nuevo procedimiento, muy combatido en esa época y hasta bastante avanzado el siglo XX por muchos partidarios de los clásicos métodos de observación visual.

Se debe también a Gould la determinación, por medio de la telegrafía, de las diferencias de longitud entre Córdoba y varios puntos geográficos importantes tales como Buenos Aires, Rosario, Río Cuarto, Mendoza y Santiago de Chile, entre otros.

Inicialmente, Gould se había propuesto realizar sus programas en tres años, pero sólo logró completarlos después de tres lustros. La enorme labor --representada por quince voluminosos tomos- efectuada entre 1870 y 1885, dio, por su extensión y calidad, sólida reputación científica a la Institución en todos los círculos astronómicos del mundo.

Los abnegados y capaces colaboradores de Gould, sin los cuales, como él lo manifestó reiteradamente, nunca habría podido realizar tan vasta obra, fueron, sin excepción, extranjeros, que vinieron al país atraídos por la fama del gran astrónomo. La joven Argentina, enfrentada todavía con problemas vitales de seguridad y evolución material, no había podido formarse, en tan poco tiempo, una generación de investigadores científicos. Por consiguiente, el Observatorio Nacional tenía que valerse de trabajadores educados en centros de cultura foránea. Al concluir Gould sus programas de observación, y considerando que su presencia no eraya imprescindible para la buena marcha de la institución, presentó su renuncia, si bien aún faltaba reduciry publicar una gran parte de sus trabajos.

Lo que el observatorio recibió en herencia de aquella brillante época inicial fue la tradición del trabajo científico, que requiere el sacrificio de una vida sin otra compensación que el aprecio y el estímulo de un reducido círculo de especialistas. Ese espíritu lo ayudó a sobrevivir 'a múltiples dificultades posteriores, períodos de inactividad aparente y de luchas violentas a través de los años de su existencia.

La dirección de Thome

Al retirarse el doctor Gould de Córdoba, en 1885, su principal preocupación fue la publicación de los trabajos hechos por él, o bajo su dirección, de los cuales sólo una parte había sido editada. Era natural, entonces, que propusiera al gobierno nacional como sucesor a uno de sus colaboradores más inmediatos, familiarizado con sus métodos de trabajo y con el material por publicarse. Así fue como Juan M. Thome lo sucedió en la dirección del observatorio. Thome había llegado a Córdoba junto con Gould en 1870. Sin ser astrónomo de carrera, había adquirido en los quince años de trabajo con este último conocimientos profundos en la materia, y lo había reemplazado en la dirección de las observaciones durante sus prolongadas ausencias de Córdoba.

La colaboración entre ambos continuó, pues Gould, desde los Estados Unidos, siguió dirigiendo la publicación de los trabajos más importantes hasta su muerte, acaecida en 1896.

Luego Thome publicó, en ocho tomos, el material restante. Al mismo tiempo inició el programa de la Córdoba Durchmusterung, la cual fue proyectada por el propio Gould. Thome logró observar, hasta su muerte, casi nueve décimos de la obra total. Los tres primeros tomos fueron publicados entre 1892 y 1900. Luego el ritmo de trabajo declinó. La situación del observatorio se había tornado difícil. No existía el contacto personal entre las autoridades ministeriales y la dirección del observatorio.

Atravesaba el país momentos críticos; revoluciones y amenazas de guerra mermaron el apoyo financiero al observatorio. En el período inicial se había contado siempre con cuatro ayudantes, por lo menos, casi todos educados en el extranjero. Thome, coma director, tuvo que recurrir durante muchos años a la ayuda de su señora esposa para realizar las observaciones de la Durchmusterung, pues en el observatorio había un solo ayudante disponible.

para entonces se presentó otro factor adverso. Las condiciones atmosféricas, desde el punto de vista astronómico, desmejoraron. La cantidad de noches aptas para las observaciones astronómicas disminuyó haciéndose más lenta la obtención del material. Pese a todo, entre los años 1885y 1890 se lograron terminar las observaciones para el volumen XX, continuación del Catálogo General. En 1891 fue empezado otro programa: la observación de los catálogos de la Astronomische Gesellchaft, del cual, bajo la dirección de Thome, se observó el material para los tomos A, B y C, A partir de 1895 el observatorio publicó anualmente efemérides de estrellas circumpolares y de tiempo, destinadas a servir de guía a agrimensores y geodestas, práctica que se continuó hasta el año 1917; En 1900, al realizar Thome un viaje a fin de participar en el Congreso Astronómico de París, el gobierno le facilitó los fondos necesarios para comprar un telescopio astrográfico del tipo internacional. Esta adquisición hizo posible que el Observatorio de Córdoba tomara parte en el programa internacional de la »Carta del Cielo», cuyo objeto era confeccionar un mapa fotográfico de todo el cielo y al mismo tiempo obtener las posiciones de las estrellas para el así llamado Catálogo Astrográfico.

Apenas instalado el nuevo instrumento, se inició la toma y medición de las fotografías, pero Thome no alcanzó a ver los frutos de este trabajo. La observación de asteroides y cometas como programa regular fue también activamente continuada por Thome, quien logró descubrir un cometa que lleva su nombre.

EI tercer director

En 1908, Juan M. Thome murió repentinamente. Su lugar fue,ocupado, desde 1909, por el doctor Charles Dillon Perrine, astrónomo norteamericano del Observatorio de Lick, experto en fotograba celeste y célebre como descubridor de dos satélites de Júpiter. También Perrine, al hacerse cargo de sus funciones, se encontró con un gran material astronómico inédito, el cual dio a publicidad entre 1911 y 1925. Halló, además, sin terminar, al programa de la Durchmusterung y los trabajos de la Carta del Cielo». Mientras que las observaciones originales de Thome para la cuarta parte de la Durchmusterung fueron publicadas en 1914, la última entrega se concluyó en 1932, veinticuatro años después de la muerte de su iniciador. El segundo de los programas comenzados, el de la »Carta del Cielo», fue reanudado en 1909. Su resultado, el Catálogo Astrográfico de Córdoba, abarcó ocho tomos y un volumen complementario que apareció en 1934. La segunda parte del programa, la confección de mapas celestes, quedó reducida a una sola zona. La técnica adoptada por la Comisión Internacional de la Carta del Cielo para estos mapas no había dado los resultados esperados, lográndose inventar procedimientos más modernos y satisfactorios en los muchos años transcurridos desde la iniciación del trabajo. Por lo tanto Córdoba, junto con otros observatorios comprometidos en el programa, resolvió no continuar la confección de estos mapas. Sin embargo, el telescopio astrográfico siguió siendo sumamente útil para las observaciones de cometas y asteroides.
Durante la dirección del doctor Perrine, el astrónomo Zimmer observó un grupo de setecientas sesenta y una estrellas que formaron los dos catálogos fundamentales del observatorio, publicados en 1929y 1941 respectivamente.
Todos los trabajos del Observatorio de Cór doba descriptos hasta aquí se refieren a terreno de la astronomía clásica, que abar ca, principalmente, la determinación de la; posiciones y magnitudes de estrellas y e cálculo de órbitas de objetos celestes.
En la segunda mitad del siglo pasado comenzó a desarrollarse una nueva rama de la astronomía: la astrofísica. Perrine llegó a Córdoba con la idea de orientar el futuro trabajo del observatorio hacia las investigaciones astrofísicas, tal como ocurría en varios grandes observatorios del norte. Para este fin, el instrumental existente ya no era adecuado. Proyectó, pues, la creación de una estación astrofísica en las sierras de Córdoba, cuyo principal instrumento debía ser un telescopio reflector de 154 cm de abertura. Dadas las circunstancias, las tentativas de realizar este proyecto vasto y audaz absorbieron gran parte de sus fuerzas personales y los recursos financieros disponibles.
Para la nueva estación se utilizó un terreno donado a tal fin por los propietarios de la estancia Bosque Alegre, a mil doscientos cincuenta metros de altura y cincuenta y tres kilómetros de la ciudad de Córdoba.
En 1912, Perrine obtuvo de la Nación los fondos necesarios para adquirir un gran disco de vidrio cuyas dimensiones eran: 155 cm de diámetro y 20 cm de espesor, con una tonelada de peso. Este disco, una vez trabajado óptimamente --configurado- iba a construir el objetivo, espejo principal del gran telescopio. Años después, encargó en Estados Unidos la parte mecánica del instrumento y una cúpula giratoria de 19 metros de diámetro. Posteriormente, la Dirección de Arquitectura de la Nación instaló dicha cúpula sobre un hermoso y amplio edificio.
Al concebirse el proyecto del gran reflector, existía en todo el mundo un solo telescopio de iguales dimensiones: el de Mount Wilson, en Estados Unidos. El óptico que intervino en su construcción fue quizás el único capaz de configurar otro igual. Por ello, la idea de Perrine de realizar esta tarea en los rudimentarios talleres cordobeses, sin personal experto, estaba destinada a fracasar, hecho que demoró la experiencia de los 25 años siguientes.
Ante la lentitud de los preparativos para poner en funcionamiento la estación
astrofísica, Perrine dejó los programas astrométricos en manos de sus colaboradores y trató de efectuar las primeras investigaciones astrofísicas con el instrumental, inadecuado para estos fines, disponible en Córdoba. Se repitió así la situación del observatorio en los primeros años del siglo; el afán de elevarlo a un nivel científico comparable al de los mejores institutos similares del mundo se adelantó en mucho a las posibilidades técnicas.
Como resultaban insuficientes y anticuadas las primitivas construcciones en los terrenos del observatorio cordobés se erigió, durante la dirección de Perrine, un amplio edificio, dotado de cinco cúpulas y numerosos ambientes para oficinas, gabinetes, biblioteca y talleres, que se pensó podían llegar a satisfacer las necesidades del instituto por muchos años.
Obtenidos los fondos necesarios por parte del gobierno argentino, Perrine encargó una montura de 154 cm a Wagner y Swasey, y discos de vidrios moldeados a St. Gobain, que servirían para configurar el espejo parabólico del futuro telescopio reflector.
Finalmente, el trabajo desbastado y control de la superficie óptica del nuevo espejo fue efectuado en 1939, por Fecker, en Pittsburg, por encargo del sucesor de Perrine, el señor Juan José Nissen.
La vieja tradición astrométrica no fue descuidada con el advenimiento de la astrofísica y la instalación del nuevo telescopio. Por el contrario, bajo la dirección de Charles Perrine, como ya lo hemos dejado establecido, se llevó a feliz término la llamada Carta du Ciel», obra de incalculable valor científico, que consistía en aplicar la fotografía al levantamiento de una gran carta, o mejor dicho, de una serie de cartas, que cubriesen el cielo hasta una magnitud considerablemente más débil que el límite de las cartas existentes o en preparación.

Córdoba contribuyó en la «Carte du Ciel" con la publicación de ocho volúmenes que cubren las zonas -24° a -31-°.


Después de Perrine
En 1936, el doctor Charles Perrine se jubiló. Desde entonces la dirección del observatorio ha estado en manos de hombres de ciencia argentinos. El ingeniero Félix Aguilar, entonces director del Observatorio de La Plata, actuó interinamente al frente de la institución hasta el nombramiento del señor Juan J. Nissen en 1937.

Durante los tres años de la dirección de Nissen, además de continuarse los programas astrométricos en marcha, los principales esfuerzos se dirigieron a terminar la Estación Astrofísica. Dadas las cuantiosas sumas ya invertidas y la importancia nacional que la habilitación del gran telescopio prometía tener ---considerado grande aún 25 años después 'de haber sido proyectado---, el proyecto había encontrado propulsores en círculos oficiales y privados más allá del campo astronómico propiamente dicho. Felizmente, las instalaciones hechas en el terreno de Bosque Alegre había escapado a la ruina gracias a la abnegación y al sentimiento de responsabilidad de algunos empleados del observatorio. El gran disco de vidrio se hallaba aún sin terminar por esos días. El objetivo concluido fue entregado en 1940.
Durante la dirección de Nissen, se hizo una importante contribución a la astronomía mundial. Treintay seis observatorios distribuidos por todo el mundo se encargaron de la determinación de la órbita de Eros como medio para determinar con mayor exactitud la distancia perra-Sol. Esta tarea le valió al Observatorio de Córdoba, juntamente con el de Ciudad del Cabo, elogiosos comentarios por la gran precisión de los resultados obtenidos.
En 1940, Juan J. Nissen se retiró de la dirección. Le sucedió en el cargo el vicedirector, doctor Enrique Gaviola, a cuyo empuje y dedicación se debe que se pusiera finalmente en funcionamiento el telescopio de 154 centímetros de diámetro. Este nuevo director dio gran impulso al taller mecánico y al óptico, elevándolos a la altura de los problemas que debían resolverse. La necesidad de habilitar Bosque Alegre en el menor tiempo y con los menores medios posibles hizo evolucionar los talleres, cuya función tradicional era reparar daños y hacer arreglos secundarios, de modo que estuvieran en condiciones de construir piezas ópticas y mecánicas de alta precisión, independizando al observatorio de lo que se refiere a importación de tales aparatos. Entre los trabajos del taller mecánico, estuvo la construcción de la plataforma que se utilizó para la observación en el foco primario.
El domingo 5 de julio de 1942, a las 12 horas, siendo rector de la Universidad Nacional de Córdoba el ingeniero Rodolfo Martínez, tuvo lugar, por fin, la inauguración del flamante telescopio, con asistencia al acto del presidente de la Nación, Ramón S. Castillo, del gobernador de Córdoba, Santiago H. del Castillo, de los embajadores del Uruguay, Chile, Bolivia y Brasil, y de numerosas personalidades científicas y políticas.
El acto, de suma trascendencia, ponía el legado de Sarmiento en un pie de igualdad con sus similares de todo el mundo y más aún, como el primero en el hemisferio sur en condiciones de investigar objetos extragalácticos.
Estas son parte de las palabras que pronunció en esa oportunidad el ministro de Justicia é Instrucción Pública de la Nación, Guillermo Rothe; Existe con respecto a la astrofísica la misma situación que existía en 1870 con respecto a la astronomía de posición. El cielo del norte ha sido y sigue siendo intensamente estudiado, pero el cielo del sur, inaccesible para los grandes telescopios boreales, continúa casi inexplorado.
«Se ofrece ahora a Córdoba la posibilidad de contribuir a la ciencia mundial en el campo de la astrofísica en la forma altamente honrosa en que contribuyera a la astronomía hace sesenta años. EL Gobierno de la Nación, con tal propósito, agregó a su prestigioso observatorio, la Estación Astrofísica de Bosque Alegre que inauguramos, cuyo instrumento principal consiste en el gran reflector de metro y medio (...). Después de largo tiempo de estudios en diversos sitios de las sierras, fue preferido este lugar de las cumbres chicas a 1.250 metros de altura sobre el nivel del mar (.„),
«Al poner en manos del prestigioso director del observatorio tan precioso instrumento de investigación, el Estado lo destina en primer término a los estudios desinteresados, con la seguridad de que las altas especulaciones de la astronomía, tan apasionantes por sí mismas, contribuirán a completarla cultura pública y a prestigiar con la importancia de sus contribuciones el nombre argentino en la ciencia universal.» El director del observatorio respondió a estas palabras; «ha concurrencia de tan elevadas e ilustres personalidades a este acto es altísimo honor y poderoso estímulo para nosotros los astrónomos, técnicos, ayudantes y servidores del observatorio. Sería demasiado fácil expresar nuestro agradecimiento con palabras. Fácil e inadecuado. Nuestro agradecimiento deberá ser mostrado con la obra científica que de nosotros se espera. Quedamos, pues, hoy, en deuda con el altísimo honor con que hemos sido agraciados, deuda que iremos pagando en la medida en que dediquemos nuestras energías, nuestra capacidad y nuestra voluntad al propósito claro de convertir a esta Estación Astrofísica y al Observatorio de Córdoba, del cual forma parte, en uno de los primeros centros de ciencia astronómica del hemisferio austral. Si no lo consiguiéramos habríamos defraudado a la confianza que la Nación ha puesto en nosotros».
El pensamiento que contienen las palabras del doctor Enrique Gaviola fue la tónica que gobernó la labor científica desarrollada en los años que siguieron. El año 1971, que marcó el centenario de la institución, encontró al Observatorio de Córdoba en una posición privilegiada dentro del concierto mundial de observatorios.
Después de Gaviola vinieron los nombres de Platzeck, Sahade, Bobone, Cratton, Landi Dessy, José Luis Sersic, y por último Gustavo Carranza, desde 1983 hasta la fecha, quienes, siguiendo las huellas de sus antecesores, fueron elevando día a día en la consideración del mundo científico la labor desplegada por el observatorio, que un en comienzo había dependido del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública de la Nación, y a partir de 1955 pasó a depender de la Universidad Nacional de Córdoba. La iniciativa de los trabajos con el gran telescopio llenó en gran parte las necesidades de la astrofísica en nuestro hemisferio, así como 70 años antes los primeros trabajos del observatorio cubrieron el vacío existente en la astronomía clásica.
Fueron vicepresidentes de la Unión Astronómica Internacional dos ex directores del observatorio, así como también cinco de sus astrónomos son actualmente miembros de otras tantas comisiones de la misma organización.
El reconocimiento de la labor del observatorio, fuera del plano de lo académico, se ha materializado también en numerosos subsidios nacionales y extranjeros otorgados a la institución o a los investigadores que en ella trabajan, lo que ha permitido mantener un ritmo de trabajo razonable a pesar de las críticas situaciones económicas por las que ha pasado en su larga vida.

El presente
Dentro del ámbito de la Universidad, el Observatorio Astronómico de Córdoba es un instituto que depende directamente del rectorado. Dada su condición de centro de investigación básica, esta relación orgánica con la conducción universitaria es la única forma viable para desarrollar dicha actividad específica.
El observatorio está físicamente integrado por su edificio central e instalaciones auxiliares (talleres de mecánica y óptica) sitos en el predio de la calle Laprida de la ciudad de Córdoba, así como también por la Estación Astrofísica de Bosque Alegre situada en las Cumbres Chicas, a 60 kilómetros de Córdoba. Dicha estación alberga el telescopio reflector más grande de los existentes en Latinoamérica y está financiada con fondos enteramente locales. El referido instrumento, cuya pieza óptica principal tiene 154 cm de diámetro, fue considerablemente modernizado en la década de los sesenta, dotándolo de accesorios que lo tornan más eficiente en su tarea fundamental, que es la de colectar la luz de lejanos objetos en sus focos ópticos. La Estación Astrofísica posee comodidades de alojamiento para astrónomos locales yvisitantes, tanto del país como del exterior.
El observatorio se halla actualmente empeñado en el cambio de la principal pieza óptica del telescopio por otra de material de muy bajo coeficiente de dilatación, para lo cual ha requerido fondos a la Secretaría de Estado de Ciencia yTecnología de la Nación, por intermedio del Consejo Universitario de Investigaciones. El Observatorio Astronómico de La Plata ha comprometido su colaboración para el figurado en sus talleres del nuevo cristal, con la colaboración indispensable del personal local.
¡Después de una larga campaña exploratoria que se extendió por casi una década, la región denominada «El Leoncito», en el valle de Calingasta, provincia de San Juan, ha resultado ser la de mejor calidad de cielo del país. El Observatorio de Córdoba, conjuntamente con el de la Universidad de San Juan y por medio de un convenio, ha instalado un telescopio reflector de 76 cm en ese lugar. Su uso intensivo como telescopio adecuado para la fotometría fotoeléctrica, recién comienza, con muy buen rendimiento.
El diseño y construcción de la moderna estructura del telescopio fue realizado por técnicos e ingenieros del observatorio, a un costo mínimo, en un verdadero ejemplo de que muchas veces el ingenio y la voluntad son los mejores sustitutos de la escasez.
El aprovechamiento de lo que se ha dado en llamar «Complejo Astronómico de El Leoncito», mediante la instalación de un telescopio de 214 cm comprado hace una década por la Universidad Nacional de La Plata, ha conducido a la formación de un grupo de trabajo de la Secretaría de Estado de Ciencia y Tecnología, integrada por representantes de dicha secretaría, la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad Nacional de San Juan y por supuesto, la Universidad Nacional de Córdoba. Después de un año de intensa actividad en el que el Observatorio de Córdoba hizo significativos aportes, la instalación del nuevo telescopio para su uso por la comunidad astronómica ya ha sido licitada y se avanza rápidamente en programas interinstitucionales para dotar al nuevo observatorio de las más modernas facilidades.


Labor docente
Los astrónomos del observatorio prestan su colaboración como profesores de astronomía en el Instituto de Matemática, Astronomía y Física. Además acogen, en sus respectivos grupos de trabajo, dentro del observatorio, a los estudiantes avanzados y graduados en astronomía de dicho instituto, para que realicen sus trabajos de tesis y se inicien en la investigación. Puede afirmarse que en el observatorio la enseñanza de posgrado recibe un énfasis muy especial, ya que es ella la que habrá de definir finalmente la auténtica orientación de los egresados.

Observaciones meteorológicas
Por su parte, las observaciones meteorológicas se iniciaron en nuestro país en la ciudad de Buenos Aires, en 1801, con lecturas de termómetros y barómetros y anotaciones del estado del viento y de la atmósfera, desde el 1 de agosto al 24 de setiembre, las primeras. Siguieron en 1805, continuadas por Cerviño. Se interrumpen hasta 1817, en que se reanudan hasta 1821, siguiendo hasta junio de 1823. Comprendían tres lecturas diarias de barómetros y termómetros. A las 12 horas, higrómetros y estado del tiempo y dirección del viento. En noviembre de 1829, el Departamento Topográfico inició sus trabajos, continuándolos hasta diciembre de 1830, Le siguieron las de Octavio F. Mossotti, desde 1831 hasta 1835, primero en el Convento de Santo Domingo y luego en el mirador de una casa numerada entonces 24, en la calle de Mayo (25 de Mayo entre Rivadavia y Bartolomé Mitre). En setiembre de 1853 hasta marzo del año siguiente y de mayo de 1855 a enero de 1856, el doctor Kennedy realizó observaciones meteorológicas. Siguen las de Manuel Eguía, desde comienzos de 1856 hasta fines de 1875.
Fueron continuadas por el profesor Emilio Rosetti del Colegio Nacional, hasta fines de 1897, A ellas se suman las que paralelamente se llevaron a cabo en la calle Independencia número 2156, practicando operaciones simultáneas con las del Colegio Nacional y continuándolas hasta setiembre de 1902. En 1901 se iniciaron otras, entre la parte externa del dique número 4 y la muralla exterior, que continuaron hasta abril de 1908 En enero de dicho año se instaló el observatorio de Villa Ortúzar. Desde 1894, en todas esas instalaciones se emplearon aparatos de registro automático. Al llegar Gould al país, se enteró de que las condiciones climáticas y meteorológicas imperantes en la Argentina eran prácticamente desconocidas. Por ello sugirió al gobierno, en el año 1872, la organización de la Oficina Meteorológica, cuya dirección ejerció ad honorem. Dado el vinculo personal del instituto cordobés con la Oficina Meteorológica, el observatorio efectuó también, durante los primeros años, observaciones de este tipo como estación local.
En el orden nacional, la propuesta de Gould de crear un servicio meteorológico nacional, fue favorablemente acogida por el presidente Sarmiento, dada «la importancia teórica y práctica, científica y económica de esos estudios que se relacionan, además, con intereses valiosos y visibles.
La Oficina Meteorológica Nacional, creada en 1873, anexa al Observatorio de Córdoba. La oficina pasó a Buenos Aires en 19,01. La unificación total de los valores obtenidos por cada una de las estaciones, con gran ventaja por su coordinación, se tuvo en 1935 al transformarse la antigua Oficina Meteorológica en la Dirección de Meteorología, Geofísica e Hidrología, y más tarde en el Servicio Meteorológico Nacional del Ministerio de Asuntos Técnicos, que centralizaba y publicaba los resultados registrados por una amplia red de observatorios y estaciones que iban desde La Quiaca hasta la Antártida y desde el Atlántico hasta los Andes, centralizando los servicios aerológicos para facilitar la navegación aérea, disponiendo de servicios de climatología, meteorología agrícola, etc., y también además a su caigo los servicios sismométricos y geomagnéticos, así como los pluviométricos e hidrométricos.



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Epígrafes
Pág. 8:
Vista de la Estacíón Astrofisica de Bosque Alegre. inaugurada por el presidente Castillo en 1942 y que se añadía al Observatorio Astronómico. inaugurado por Sarmiento en 1871.

pág. 10:
Las aplicaciones práct ícas de las observaciones astronómicas en Europa estimularon el interés argentino por el desarrollo de los estudios del cielo.

La intensidad de los estudios del cielo del norte contrastaba con el menor conocimiento del cielo del sur, «inaccesible para los grandes telescopios boreales"

Pág. 12:
Sarmiento dio un decisivo impulso a laastronomía argentina El mismo se consideró un continuador del interés de Rivadavia en el desarrollo de la ciencia

pág. 14:
Observatorio astronómico de Córdoba El astrónomo Benjamín Gould elogió la elección del lugar elegido por su posicióngeográficay las condiciones meteorológicas de la zona.

pág. 16:
En 1865, el astrónomo norteamericano Benjamín Apthorp Gould hospedó en su casa a Sarmiento. De allí nació una amistad y la idea de un viaje de estudios de Gould a la Argentina

pág 17:
Un sector de la Exposición de Córdoba de 1871. En octubre de ese año, Sarmiento inauguró el Observatorio Nacional Argentino refutandolas críticas a esa iniciativa.

pág. 18
Gould encaró un ambicioso proyecto de exploración del cielo austral que comenzó con la determinación exacta de la mayoría de sus estrellas.

pág. 19:
Galaxia situada a unos ocho millones de arios luz. A partir del Observatorio de Córdoba y los trabajos de Gould el conocimiento del cielo austral mejoró notoriamente.

pág. 20:
Telescopio del Observatorio de París a mediados del siglo XIX. Los astrónomos argentinos trabajaban para acortar distancias con los centros europeos.

Vista interior de un cráter.

pág. 22:
Gran telescopio reflector del Observatorio de Bosque Alegre. La fabricación de sus partes y el montaje demandó varios arios y una cuantiosa inversión.

pág. 25:
Cúpula del Obseroatorio Astronómico de Bosque Alegre en Córdoba Foto tomada en febrero de 1934.

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