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9/7/11 - DJ:

Entre la Tierra y el cielo

T.E.L: 7 min. 28 seg.


Un breve viaje turístico que me disparó reflexiones acerca de las vinculaciones entre la ciencia y la sociedad.



Me tocaban las vacaciones de invierno en mi trabajo y decidí realizar un pequeño viaje que venía postergando hacía tiempo. Me fui a Colonia del Sacramento, Uruguay, en un viaje de un día.
Salí a las 9.30 del puerto de Buenos Aires y arribé al mismo lugar a las 22 horas.
Durante el trayecto interactué con distintas personas y algunas charlas me despertaron ciertas reflexiones. Antes de eso, permítanme contar sucintamente cómo fue el viajecito.

Quiero contar esto porque he visto páginas (antes de viajar incluso) que cuentan experiencias negativas sobre una "excursión" en particular.

Viajar a Colonia desde Buenos Aires es simple y placentero gracias a Buquebús o Colonia Express. No tengo ninguna relación con las empresas, no es una publicidad encubierta. Buquebús es una compañía muy conocida en el rubro y yo he tenido una buena experiencia en este caso. La empresa ofrece, además del traslado, algunos "city tours" que permiten recorrer la ciudad con un bus turístico y también una recorrida histórica a pie.
Pero además vi que ofrecían "Un día natural" en una granja. Se trata de la Granja Arenas, a diez minutos de auto del puerto de Colonia. Se ofrece allí un asado, la visita a un particular museo de curiosidades y la posibilidad de andar en bicicleta y a caballo. Esto último era algo que no había hecho nunca y tenía muchas ganas de concretar.

Allí fui, a pesar de que en algunas páginas de experiencias turísticas se habla negativamente de la granja. No me dejé llevar por esos comentarios y fui igual. En el puerto de Colonia me recibió Martín, de Buquebús, que muy amablemente me llevó en una combi hasta la granja, junto a una familia. Esta familia, con quienes almorcé, estaba compuesta por una mujer y dos hijos (niño y niña) oriundos de Colombia, viviendo en Bolivia, de vacaciones en Argentina y de visita a Colonia.

Luego de visitar el museo de curiosidades (miles de lápices que figuran como récord guinness, latas, llaveros y otros objetos) comimos efectivamente una parrillada, luego de una buena entrada. También se podía comer postre y café.
Luego pude efectivamente montar a caballo. Moro, el caballo blanco parecía más dispuesto que una yegua marrón de aspecto más joven y atlético que el macho, pero con menos ganas de hacer otra cosa que comer pasto.
Lo acaricié un rato y lo monté unos diez minutos con total inexperiencia y mucho respeto. El caballo me llevó a donde quiso, dando rienda suelta a su instinto y domesticación. Me trató con mucha compasión, pero me tuvo al trote.

El animal y la bestia.El llanero solitario está temblando...



El mayor de los chicos de la familia que me acompañó también hizo lo propio y luego pudieron andar en bicicleta sin problemas (aunque con alguna caída). Compré algunos alfajores autóctonos y dos horas después de nuestro arribo a la granja, Martín nos pasó a buscar, tal como habíamos acordado.

De allí fuimos directo a la parada 1 del bus turístico con el cual recorrí todo el trayecto, admirando las islas y el Real de San Carlos, mientras la Luna nos acompañaba aunque la guía turística la ignorara completamente.

La luna nos seguía mientras hacíamos el citytour



Luego hice la caminata por el barrio histórico en el que una guía nos contó sobre la influencia de portugueses y españoles en el lugar. Recordaba las clases de historia en el colegio secundario (hace un par de décadas) y el famoso "Tratado de Tordesillas". Me quedó pendiente subir al faro, y visitar los museos (cierran a las 17.00!).

Esa recorrida a pie la hice con una pareja de Colombianos, Alexander y Luisa, muy interesados en la economía del lugar, de la comida, costumbres, etc.
Si hasta ahí había sido muy interesante la interacción, lo fue más aún luego de la recorrida. Nos quedamos conversando y la continuamos luego, en el viaje de vuelta.

Entre los variados tópicos la conversación llevó a hablar de los diferentes rasgos faciales de los habitantes de América y los pueblos originarios. Me pareció oportuno, entonces, señalar algunas de las teorías actuales sobre población del mundo. Es sabida la idea del paso de Berings y otra un poco más moderna del paso por el Mar Rojo. Idea de que en definitiva todos formamos parte de la misma rama. Idea que lleva a pensar en evolución. ¿Conocen al padre de la Teoría de la Evolución, no? Es...
La pregunta no tuvo respuesta. Pensé en Valeria Román. Me hubiera gustado en ese momento regalarle a la pareja el libro Darwin 2.0.

Astroturismo: mitología y cultura en astronomía
La idea de hacer el viaje en esta ocasión y no en otra, también tuvo que ver con mis ganas de presenciar la presentación de Astroturismo abordo del Eladia Isabel. Espero próximamente poder entrevistar a las chicas que llevan adelante esta hermosa iniciativa de la que hablé aquí en otra ocasión.
No llegué a tiempo para la visualización por telescopios y binoculares (aunque llevé el mío) que hacen antes de zarpar (entre las 18 y 19 horas), pero sí sabía que luego se presentarían en la parte exterior del barco.
Se lo comenté a la pareja con quienes venía charlando y allí fuimos. A pesar del frío y de no tener mucho interés en lo astronómico, sí creo que les impactó en un par de sentidos.

A pesar de que la cámara guardó mal la fotografía, se pudo rescatar el retrato de las chicas de Astroturismo (Patricia es la segunda de la izquierda), Alex y Luisa, escandalosamente gentiles y de grata conversación


Por un lado, Luisa me manifestó que no tenía idea que las estrellas son otros soles. Y el comentario me impactó más aún que el desconocimiento de Darwin.
Tampoco tenían mucha idea de las constelaciones, aunque sí recordaban algunos signos del zodíaco!!
Es más, en algún momento Alexander se refirió a estos temas de los que yo les hablaba como...astrología!! Le causó gracia cuando le dije que tenía ganas de hacerme el harakiri!

Esta pareja, de clase media pero con conciencia social, a las que les importa la gente y su bienestar, que les preocupa saber la realidad, más allá de los maquillajes turísticos de cada lugar, y por ende tienen un buen nivel cultural, sin embargo, manifestaron claramente algún desconocimiento que me apuro a definir como importante.
Es subjetivo. A quien le gusta la astronomía piensa que eso es más importante que otra cosa. Pasa eso. Pero al margen de esa subjetividad: aprendemos los ríos de Europa en el colegio, y no aprendemos las constelaciones, que están allí no para los amantes de la ciencia astronómica únicamente. Son un relato de quienes fuimos y somos. Hablan de la cultura de cada lugar.

Patricia Juárez, de Astroturismo, dio una charla a pesar del frío y de la ceniza volcánica, excelente al respecto. Allí está la Cruz del Sur. Bueno, no. Allí hay cuatro estrellas. ¿Por qué vemos una cruz? Los habitantes originarios de la zona veían otra cosa: La huella del Choique. (Prometo esta semana contar esa historia específicamente).

El contraste
A mí me hizo mucho ruido que esta pareja de jóvenes colombianos interesados en lo cultural y social de los pueblos no tuviera conocimiento del impacto de las constelaciones al respecto.

Yo vengo escribiendo aquí sobre tema urticante para el que le gusta la astronomía: ¿Para qué sirve la astronomía? Es un tema largo y variado que lleva, entre otras cosas, a preguntarse si está bien destinar grandes cantidades de dinero a instalar un instrumento que no tendrá un gran impacto en la vida de las personas, mientras que hay otras necesidades más básicas y urgentes.
Yo creo que se puede responder a esas preguntas de forma más o menos sólida y con una variedad de argumentos de distinto tenor, entre los cuales, sin duda, la educación es un tema a destacar.

Porque como intento señalar aquí, más allá de lo estrictamente científico, la astronomía es una práctica humana, que habla de nuestros usos y costumbres, que habla de quienes somos.

Por otro lado, la conversación me llevó a otros temas que surgirán al hablar de ciencia, pero que van más allá de la ciencia misma. Mientras viajaba a la ida y durante un buen rato en la granja estuve leyendo "El quark y el jaguar", de Murray Gell-Mann.

Le comenté a la pareja de Alex y Luisa: El átomo está formado por protones y neutrones alrededor de los cuales "giran" electrones, como imagen más simple. Pero Murray Gell-Mann descubrió que dentro de los protones hay "cosas" aún más básicas: los quarks. El subtítulo del libro es: "Aventuras en lo simple y lo complejo".

Le pregunté a la pareja: ¿Qué es lo simple y lo complejo en la frase "El quark y el jaguar"? "El quark es lo complejo", me dijo Luisa.

Y es lógica la respuesta. Para ella no es "complejo" pensar en un jaguar, tiene una idea acabada de qué significa. Pero no le resulta "simple" pensar en algo de lo que se enteró 30 segundos antes.
Y, sin embargo, es al revés.

De alguna manera, todos los quarks son iguales (sí, ya sé que hay varios "sabores"), todos los protones se pueden comparar entre sí con enorme facilidad, son fácilmente descriptibles. Con los seres vivos, a pesar de que somos una suma de quarks, no pasa lo mismo. He ahí una aventura del pensamiento. Una aventura que inspira la ciencia.
Allí en el cielo y aquí en la Tierra hay quarks, protones y neutrones. Allí hay también historias que creamos con los pies en el suelo. Hay grandes soles, mucho, mucho más grandes que el nuestro y que vemos como pálidos punto de luz. Y los hemos visto desde casi siempre. En África, en Europa, en Oriente y Occidente, en el Hemisferio Norte y en el Sur. ¿Cómo llegó el hombre moderno a estar donde está? ¿Qué recorrido hicimos? ¿Cómo eran nuestros antepasados? ¿Por qué somos distintos y en qué lo somos?
Martín Cagliani me señaló en alguna oportunidad que la película "En busca del fuego" (Quest of fire) está desactualizada en cuanto a datos científicos se trata. Pero sin duda podría ser un gran disparador sobre el tema.

El esfuerzo de Astroturismo, en este contexto, es motivador y un excelente disparador de preguntas. Al menos a quienes tengan cierta predisposición a esos temas.

Ok, no es una pieza fotográfica digna de una muestra, pero si lo fuera el título sería "Infinito y gaviotas"


A veces, parece que navegamos en aguas solitarias. Y a veces no. Este viernes mis esperanzas en este sentido no naufragaron.

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