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12/3/16 - DJ:

Astrología y astronomía: de la conjunción a la oposición

T.E.L: 13 min.

¿Qué piensa de la astrología un astrónomo profesional?



Lo que sigue es una traducción de un artículo publicado en una revista de divulgación astronómica de la IAU (la Unión Astronómica Internacional) llamada CAP Journal. El artículo se publicó en el número 5, enero 2009, firmado por Daniel Kunth.
La nota era, al mismo tiempo, una traducción al inglés realizada por la periodista Emma-Kate Symons y editada por Brooke Sing (editora de CAP Journal).

Daniel Kunth es un astrofísico especializado en astronomía extragaláctica. Le dedica tiempo a la divulgación ofreciendo charlas y escribiendo artículos, en particular sobre la relación entre astronomía y astrología.

El siguiente artículo se enmarca en una iniciativa personal ContraLaAstrología, con el objetivo de presentar argumentos más sólidos en contra de esa seudociencia que los que suelen presentarse al público general. En ese marco, consideré conveniente no sólo dejar en claro mi punto de vista personal, como aficionado a la astronomía, sino también la visión de un astrónomo profesional.

Resumen
Como comunicadores de la ciencia en astronomía solemos encontrar un fuerte interés en el público en la astrología: cómo las estrellas y planetas afectarían directamente nuestras vidas individuales. Actualmente la astrología está en contradicción con la naturaleza científica de la astronomía, pero no siempre fue así. Aquí se presenta un trasfondo histórico de la astrología para tener una mejor comprensión de dónde proviene y por qué tiene un lugar tan duradero en todas las formas de la comunicación global.

La astrología se adaptó a los cambios en la sociedad a través de la historia y, como resultado, se continúa beneficiando de una imagen positiva del público. El éxito social y comercial de la astrología, en gran medida motorizado por los medios de comunicación, es sorprendente en razón del dominio de la ciencia en la nuestra sociedad. Su base fundacional explota la muy expandida creencia sobre la existencia de penetrantes conexiones entre el macrocosmos (el Universo como un todo) y nuestro microcosmos (la sociedad humana y las relaciones sociales).
Los astrólogos intentan descifrar el significado oculto detrás de los movimientos planetarios y sus posiciones que consideran se corresponden con rasgos de personalidad humana o predicen grandes o menores eventos en la vida. La ambigüedad léxica con las que esas predicciones son realizadas, sin embargo, producen resultados que no pueden ser probados ni refutados.

Sin un método objetivo con el que un resultado predicho pueda ser comprobado, la astrología no puede ser considerada una ciencia. Los análisis astrológicos, que en algunos casos son sofisticados, no utilizan ninguna metodología tradicional en las ciencias. La astrología escapa a la necesidad de confrontar hipótesis con pruebas, lo opuesto de un enfoque científico riguroso.
Los astrónomos se oponen no sólo a la aserción astrológica de que las posiciones de los objetos en el cosmos pueda impactar directamente en el destino de las personas, sino también la ignorancia astrológica de la realidad física, la riqueza y variedad de estrellas y planetas.

Más aún, ningún estudio estadístico serio ha sido capaz de establecer la confiabilidad de las predicciones astrológicas. En tiempos modernos, la mayoría de sus adherentes optan por interpretaciones psicológicas de la astrología en las que las estrellas establecen las claves para nuestro destino, personalidad y predilecciones desde el mismo momento del nacimiento. La fundación de la creencia en astrología está basada en un enfoque determinista y constituye una alienación psicológica que puede fácilmente ser explotada por aquellos interesados en obtener un lucro.

A través de nuestra civilización, la astrología ha tenido creyentes causales y fervientes en casi todas las clases sociales o culturas. Desde tiempos antiguos al presente, los seres humanos han sido desafiados a predecir y a prepararse para eventos vitales de regocijo y de catástrofe. Enfrentados al desorden en la Tierra, la astrología propone que una estructura ordenada y leíble existe en el firmamento que está intrincadamente envuelta con la vida humana. Sin embargo, esta creencia no constituye una ciencia cósmica porque ni las herramientas de los astrólogos ni sus análisis subjetivos permiten deducir hechos o probar una teoría. ¿Es la astrología entonces una ciencia social? ¿Es decir, un modo de conocimiento en competencia con la cosmología científica?
Algunos astrólogos, disconformes con ser relegados al margen de las ciencias oficiales, piden reconocimiento académico que permitiría al público financiar investigación astrológica y reforzar el sentido científico y académico de la astrología y sus seguidores. La utilización de computadoras, estadísticas y efemérides de gran precisión sugieren una práctica incrementalmente científica. Sin embargo, una gran mayoría de científicos rechazan completamente la relevancia científica de la astrología y permanecen críticos de los nuevos usos superficiales de la tecnología.

Los astrólogos han estado en el centro de una explosión en la prensa tradicional y electrónica que ha bombardeado a los lectores con una intensa (y lucrativa) comercialización de la astrología. La astrología en los medios impresos es especialmente común, desde los diarios a los semanarios, muchos periódicos ofrecen una columna de astrología. Algunas personas leen su horóscopo como si fuera ficción; otros confían en sus predicciones y consejos que los ayudaría a manejar su vida personal o profesional o quizás saber cuándo y dónde planificar las vacaciones. Si tanto dinero se dedica a la astrología quizás sea porque llena una necesidad esencial que ni la ciencia ni la psicología, incluso la religión, toma en consideración.

Simbolismo en astrología
Una de las grandes fuerzas de persuasión en astrología yace en su percepción simbólica del mundo. Este simbolismo proviene, en mayor o menor medida, de observaciones hechas desde la antigüedad en relación con el brillo o el color de los cuerpos astronómicos, los aparentes movimientos caprichosos de los planetas, así como la proximidad al Sol o la Luna. Estos símbolos no tienen un valor universal: cada cultura elabora los propios.

La mayoría de las personas conoce su signo zodiacal: ser de Cáncer significa que al momento de nacimiento, el Sol (cuando se lo proyecta en el cielo) estaba en la posición correspondiente al signo de Cáncer. Con el fin de enfocarse en el individuo o ayudar a tener en cuenta las diferencias evidentes entre aquellos con el mismo signo, se lo matiza con otros elementos personalizados, como el ascendente que aparece en el Este en el preciso momento del nacimiento o la posición de los principales planetas en la carta natal.

Los astrólogos están igualmente interesados en los tránsitos planetarios cuando los planetas pasan ciertos puntos significantes en la carta natal. Consideran que son disparadores de eventos o decisiones (matrimonios, divorcios, nacimientos...) ya predichos en la carta al momento del nacimiento. Los tránsitos ocupan una posición clave en astrología porque se considera posible predecir por cálculos la principales transiciones de una vida. Los horóscopos usualmente hacen uso de esta técnica para determinar los ángulos de un planeta respecto de un signo en una carta. Por ejemplo, una persona nacida bajo el signo de Virgo podría tener al planeta Marte en cercana ubicación en la carta a su signo; la caracterización astrológica de Marte como el planeta de la guerra podría ser interpretada como indicio de un conflicto.

Un breve retorno al pasado
Históricamente, astrología y astronomía no eran considerados campos enteramente separados; mucho del tiempo de un astrólogo lo dedicaba a trabajar con mapas de estrellas o tomando meticulosas mediciones. Observaciones repetidas miles de veces permitió la predicción de ciertos eventos celestes y, como resultado, eventos terrestres (los calendarios Egipcios estaban inextricablemente relacionados con la vida del Nilo). De la correlación entre eventos celestes y terrestres, un control de lo segundo sobre lo primero fue imaginado. Los planetas o "estrellas errantes" eran percibidos como un código de comunicación de las deidades; así, la observación de pequeños movimientos planetarios fue una manera de interpretar el deseo de los Dioses. Los griegos y luego los romanos estaban convencidos de la naturaleza divina de este tipo de astrología, también conocida como Caldea, derivada de sus orígenes Sumerios. En la antigua Grecia, la regularidad y usualmente predecible naturaleza de los eventos celestes dio nacimiento a un misticismo matemático, un singular matrimonio entre matemática y y adivinación de la que surgió la astrología occidental que perdura hasta nuestros días.
La astrología moderna ha roto con el concepto de los dioses, pero conservó la creencia de una voluntad universal puede ser percibida a través de una cuidadosa evaluación de los movimientos planetarios. Con la evolución de conocimiento y herramientas científicas, la brecha se amplió entre las premisas de la astrología y las de las ciencias.

Históricamente los astrónomos renunciaron a principios no probados sobre la influencia y conexión entre configuraciones planetarias y eventos terrestres. Esto fue origen de desacuerdos y finalmente ruptura entre astrología y astronomía. La astronomía intenta explicar el cosmos: los científicos son observadores objetivos. El astrónomo construye o rechaza una teoría basándose en evidencia disponible, mientras el trabajo de un astrólogo está dirigido por una doctrina de predeterminación.

Durante esta transición, los astrólogos fueron confrontados con sacudidas que no habían previsto: la Tierra no fue más el centro del sistema, la separación entre los mundos sublunar y supralunar no estuvo más justificada y las distancias explotaron. De acuerdo al filósofo Alexandre Koyré, nuestro mundo humano, alguna vez en el centro de todo, fue transformado en un pequeño jugador en un Universo infinito.

Astrología cara a cara con la ciencia
Ahora tenemos un cosmos que investigar, estudiado por dos muy diferentes escuelas de análisis. Muchos astrólogos se describen como científicos e insisten en la existencia de genuinas influencias celestes en los individuos. Esperan demostrar su autenticidad al usar estudios estadísticos que frecuentemente están mal concebidos y mal ejecutados (Franknoi, 1989).

Al tomar prestado los métodos de cálculo (las efemérides de los astrólogos son tablas científicas graciosamente disponibles para el público por los astrónomos), este tipo de astrología recupera un tipo de legitimidad científica que juega un rol en su durabilidad. La confusión de géneros y las preguntas del público son transmitidas por debates en los medios donde astrónomos y astrólogos confrontan unos con otros. Los más críticos argumentos de los astrónomos sobre la astrología se enfocan en el desentendimiento de la realidad física del universo y su riqueza. ¿Cuál es el punto de invocar el cielo y sus planetas si no son tenidos en cuenta para sí mismos, esto es, si el cielo no tiene objeto?

En esencia, el lenguaje simbólico de la astrología posee algunos límites que lo mantienen a distancia de las realidades del mundo físico. Tomando el ejemplo del planeta Marte: para el astrólogo, el color rojo evoca fluido de sangre, por tanto guerra y por eso, muerte; para el científico, el color rojo puede tener múltiples razones causales, que sólo pueden ser determinadas por experimentos. Las primeras misiones espaciales a Marte atestiguaron la presencia de hierro en la superficie de ese planeta, el color rojo es parcialmente debido a la oxidación del hierro. La oxidación, sin embargo, requiere la presencia de oxígeno, más notablemente en la forma de agua. El agua es considerada sinónimo de vida en la Tierra, por lo que la pregunta se posó sobre la existencia de vida en Marte. ¿Existió vida en el pasado? Semejante hipótesis sería explorada en futuras misiones al planeta rojo. El Marte-rojo-guerra-sangre y muerte, la cadena simbólica que funciona como analogía ha dado lugar al Marte-rojo-hierro-agua y vida, que proviene de estrictos lazos con la causalidad.

Marte, una simple masa de piedra roja cubierta de óxido de hierro, continúa siendo asignado a las virtudes del dios de la guerra. Vemos cómo una relevante observación -la del color- puede provocar una simple y elemental interpretación simbólica.
Sin embargo, una vez que la naturaleza del planeta es conocida y se revelan las relaciones causales, el juego asociativo puede perdurar luego de perder toda significancia real, lo que no deja de asombrar.

Es ciertamente innecesario entender la naturaleza de un fenómeno para establecer su existencia, pero la primera cuestión, más allá de toda polémica, es conocer si la influencia astrológica se sigue de los hechos.

Por desgracia, los astrólogos no se preocupan de presentar sus hipótesis a una prueba definitiva de refutación. La excepción es el test conducido por Carlson y publicado en Nature en 1985 que testeó los preceptos y fundamentos de la astrología. El resultado fue que se desacreditaron todos los principios astrológicos puestos a prueba.

Las predicciones astrológicas de eventos catastróficos raramente especifican el tamaño de los desastres, localización y fecha precisa de ocurrencia, motivo por el cual no pueden ser contradichos o refutados. Incluso a principios de cada año vemos en los medios una ola de predicciones que raramente son verificadas, un hecho que el público no parece ávido de tener en cuenta. Un renombrado astrólogo predijo una vez una gran catástrofe por el eclipse solar de agosto de 1999 coincidía con el sobrevuelo de la nave Cassini. ¡Se envió inmediatamente una petición a la NASA de que modifiquen la fecha de la misión!

A pesar de la abundancia de evidencia de que la astrología es esencialmente una no-ciencia, la plataforma académica de la astrología ofrece cierta profundidad psicológica. Las predicciones pueden ser tan ambivalentes que hay un número casi ilimitado de interpretaciones sobre cada tema. Los científicos consideran a tal profusión como redundante, manifestado por el número de posibilidades que exceden el número de incertidumbres. El lenguaje astrológico, con numerosos significados posibles, permite a los que lo usan un gran margen de apreciación.

La ciencia es al mismo tiempo conocimiento, método y prueba. Intenta trascender culturas y afiliaciones nacionales y evoluciona sin demandar una creencia psicológica como pre-requisito para explorar la naturaleza del mundo. Por otro lado, el término astrología amerita la forma plural, tan diverso como sus escuelas. Diferentes y numerosas disciplinas de astrología usualmente se contradicen o ignoran unas a otras sin consenso o incluso sin la necesidad de consenso.

Actitud del público
26% de las personas encuestadas en Francia declararon que "creían en las predicciones de los astrólogos"; entre ellos, una tercera parte toma en cuenta los horóscopos en sus vidas.

41% de las personas encuestadas declararon que creían en la explicación de caracteres de personalidad de los signos astrológicos.

Cerca de 13% consultaron a un astrólogo.

En la fig.1 se indica, de acuerdo al trabajo de Boy & Michelat (1986), la relación entre creencias y edad-sexo.
En el eje de absisas (eje horizontal, x) se indica la creencia hacia lo paranormal y en el eje de coordenadas (vertical, y) en astrología. Se indica en ambos casos el promedio: 48% cree en lo paranormal y 44% en astrología. Estas creencias parecen disminuir con la edad de los encuestados y sería mayor en mujeres que en hombres.


En la fig. 2 el diagrama muestra los niveles de creencia según las profesiones. Aunque muchas veces se considera que las personas de bajas escalas sociales son los más "crédulos", el gráfico muestra que los "profesionales" tienen creencias más fuertes que un "trabajador". Están marcados en azul los referentes educativos: maestros de colegios, estudiantes, profesores.

En la fig. 3 se indican las relaciones entre creencias y nivel educativo. Incluso los que poseen un nivel científico creen en más de 20% en astrología y más de 50% en lo paranormal.

El entusiasmo del público por la astrología se mueve más y más hacia el objetivo psicológico de liberar las potencialidades de los individuos. Durante una sesión, un astrólogo trabaja en el campo de los afectos, no de la racionalidad. El cliente se encuentra a sí mismo en la posición expectante del creyente, un mecanismo por el cual escucha lo que quiere oír y descuenta o ignora lo que no concuerda con sus expectativas.

La astrología permanece en su núcleo como el arte de la predicción del futuro, un futuro escrito de acuerdo a las tendencias adquiridas al nacimiento por la influencia de los astros. Sin embargo, esta privación de la libre voluntad engendra alienación y un fuerte riesgo de manipulación psicológica (no es infrecuente encontrar personas que consultan a su astrólogo antes de tomar decisiones). La naturaleza determinista de la astrología lleva a la irreducible paradoja en la que los astrólogos trabajan como si fueran psicólogos. La libre voluntad que invocan los astrólogos psicológicos se encuentra confrontada por el determinismo de la astrología. ¿Cómo puede esta autonomía personal estar reconciliada con los vientos del destino o la mala suerte que Júpiter o Saturno provocan al pasar por el signo de nacimiento? El cliente espera que la respuesta le sea revelada. El análisis astrológico, en la gran mayoría de los casos, es realizado por interés de lucro, que es el motivo por el que los astrólogos formulan aserciones muy amplias, lo opuesto de las generalmente prudentes interpretaciones ofrecidas por los psicoterapeutas.

La influencia de un astrólogo no se encuentra sólo en la esfera privada. Ha penetrado el campo de la política y la sociedad civil. Ciertos negocios usan astrología como vía de reclutamiento. La astrología es considerada a veces como más adecuada para evaluar el potencial de candidatos más que su Currículum Vítae y motivación! Una astrología financiera, basada en el aparente movimiento de Urano ha sido furor incluso en Wall Street y la astrología ha sido usada en los cálculos de primas de seguros de compañías! De hecho, para casi toda actividad humana o fenómeno en el que exista una gran incertidumbre, encontraremos astrólogos ávidos de impartir un sentido de orden cósmico y en ser pagados para asegurarnos la paz mental.

La creencia en astrología no es sólo de privilegio de los que tienen acceso a través de la instrucción, sino que se desarrolla en una suerte de estado intermedio (Boy & Michelat, 1986). Estadísticamente, la creencia en astrología se incrementa con un declarado interés en ciencias, con un pico entre la clase media que posee un grado intermedio de educación y luego baja entre los graduados (notablemente entre científicos) (ver figuras 1-3). El sociólogo Theodor Adorno (1994) apuntó que la creencia en astrología está caracterizada por un estado de ser que llamó semi-erudición. El semi-erudito toma prestado algunos atajos seudocientíficos para encontrar respuestas a preguntas sobre su futuro como resultado de una conversión sin éxito al sistema de pensamiento científico.

La naturaleza de la astrología
La astrología no es monolítica, pero encuentra un ancla en el corriente pensamiento común relacionado a la tradición. Teje conexiones sociales y permite a un grupo identificarse con una comunidad cultural.

Podemos caracterizar dos clases de astrólogos. Aquellos que se hacen llamar astrólogos científicos trabajan bajo la premisa de que viven en un mundo de física influencia causal entre la gente y el cosmos. Tal astrología usa una especie de senda de análisis científico que moldea conceptos traídos de otros campos científicos para acomodarlos al modelo astrológico. Los astrólogos más tradicionales consideran el cielo como una plantilla simbólica y usan los relatos míticos a voluntad para expandir sus interpretaciones en vez de exponer una metodología física de causa-efecto. La astrología puede ser percibida como un lenguaje que presenta el mundo con el uso de vocabulario específico y técnica gramatical. Las refutaciones científicas presentadas por los astrónomos sólo fugazmente avergüenzan a esos astrólogos para quienes el objeto de la astrología no es el estudio del cosmos, sino del hombre, al mismo tiempo objeto y sujeto.

Fundamentalmente, las diferencias saltan a la vista. El astrólogo-científico hace un arte de las matemáticas. El astrólogo metafísico no le adjunta importancia a la astrología-científica. Hay una tercera clase de astrólogo en el medio, probablemente la mayoría, para quienes la práctica se basa en una intuición penetrante de psicología y deducciones. Se cree que el cosmos influye sobre los individuos al momento de nacer y que el futuro de la persona está codificado en esa específica y única formación. Para esa comunidad, el astrólogo es simplemente el intérprete que analiza las características de la carta natal. Ese discurso astrológico es muy maleable, lo que explica su capacidad de adaptarse a las normas culturales de la sociedad moderna y post-moderna. Esto es debido al rico y simbólico lenguaje de la astrología: una natal puede ser interpretada de tantas maneras como para hacer imposible un análisis imparcial y unívoco. La astrología seduce atemporalmente, no porque lleve el peso científico de hipótesis probadas o probables, sino porque pone un aparente orden al futuro desconocido. La desenfrenada explotación comercial de aquellos que buscan respuestas por aquellos que adoptan la manipulación de un lenguaje complejo y la necesidad social de estabilidad sólo puede ser condenado.

Algunos astrólogos podrán tener habilidades al realizar presagios y augurios sobre nuestra percepción de la realidad, pero las premisas y métodos de la astrología difieren fundamentalmente de aquellos de la ciencia, incluso las ciencias sociales, y no poseen ninguna validación científica.

Referencias
• Adorno T. W. 1994, The Stars Down to Earth and Other Essays on the Irrational in Culture, (London: Routledge)
• Caudron D. et al. 1996, The Mars Effect, (London: Prometheus Books)
• Boy D. & Michelat G. 1986, Croyances aux parasciences: dimensions sociales et culturelles, Revue Française de Sociologie, 43-1, 35-45
• Carlson, S. 1985, A double blind test of astrology, Nature, 318, 419-425
• Fraknoi, A. 1989, Your astrology defense kit, Sky & Telescope, 146-150
• Kunth D. & Zarka P. 2005, Astrologie, Que Sais-je no 2481, (Paris: Eds. Presses Universitaire de France)
• Peretti-Watel P. 2002, Sous les étoiles, rien de nouveau?, Revue Francaise de Sociologie 43-1, 3-3


Fuentes y enlaces relacionados
CAP Journal 5: Astrology and Astronomy: From Conjunction to Opposition (Daniel Kunth)
http://www.capjournal.org/issues/05/index.php

Sobre las imágenes
Las tres figuras corresponden a Boy & Michelat, 1986.

Viñeta de Nobrow Cartoons, Mark Heath
https://nobrowcartoons.wordpress.com/2013/06/13/how-to-distinguish-between-astronomers-and-astrologers/

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